lunes, 9 de julio de 2012

LA PARTÍCULA DE HIGGS

Por Rodrigo López Oviedo

Sin entender mucho de física, como de ninguna otra ciencia, pero todavía con alguna posibilidad de asombro ante sus sorprendentes logros, no puedo dejar pasar desapercibido el maravilloso descubrimiento de la partícula de Higgs, la cual permite que la humanidad por fin tenga respuesta a inquietudes tan antiguas como la relacionada con los fenómenos que debieron presentarse en el inicio mismo del universo para que, con la condensación de la energía, surgieran las primeras partículas materiales.  

La existencia de la partícula de Higgs fue predicha por el científico inglés Peter Higgs (de allí su nombre) en 1964. Es decir, que para demostrar que existía se requirió de casi media centuria de denodados esfuerzos de alta investigación, así como también de sofisticados laboratorios, poderosos aceleradores de partículas, monumentales colisionadores y avanzadísimos equipos de cómputo.

También se la conoce con el nombre de partícula de Dios, o partícula divina, por el extraordinario papel que jugó en los primeros nanosegundos del big bang para que ocurriera el nacimiento de la materia. De igual manera,  algunos se han atrevido a llamarla partícula maldita por los inconmensurables costos que demandó descubrirla.

Aunque tan impías denominaciones han sido el producto de una creatividad ajena a la comunidad científica, lo cierto es que en ellas se ve reflejado el eterno conflicto entre dos visiones del universo: la que lo ve como el producto de un soplo divino, nacido de una manera preestablecida y para siempre, y la que lo percibe como el producto en evolución de inmensas fuerzas naturales, siempre en un avasallante desarrollo. Un conflicto soterrado a veces, franco otras, que siempre ha enfrentado a las fuerzas del progreso con el oscurantismo y que no ha dejado de producir profundas huellas de dolor en el corazón de la humanidad. Pero también un conflicto en el que las fuerzas del progreso, marchando de la mano de la ciencia, han venido tomando ventaja, llevando incluso a los personeros de las posiciones más dogmáticas a recular en sus apreciaciones, como bien lo hizo el Vaticano recientemente al negar la existencia de cielos y de infiernos más allá de esta vida terrenal.

Comprobar la existencia de la partícula Higgs requirió del esfuerzo de más de cinco mil científicos y de incalculables recursos. No obstante, resulta suficientemente justificador de tan descomunal inversión el que se hayan logrado alcanzar pruebas que permitan superar infundados credos milenarios. Están por verse los efectos que sobre otros campos de la ciencia puedan derivarse de este descubrimiento. Ojalá nos alcance el día para saber que esos efectos han llegado, así la ignorancia en que nos mantiene el sistema no nos permita comprenderlos.

jueves, 28 de junio de 2012

EL PUEBLO LA TUMBÓ

Por Rodrigo López Oviedo

Solo se requirió una semana para que las gabelas y la impunidad que campeaban en la reforma a la justicia, y que beneficiaban a los representantes de la casta oligárquica en el Congreso, las Cortes, el generalato y el alto Gobierno, cayeran demolidas por la respuesta popular, que bien pronto les notificó a los tres poderes que los aires que hoy oxigenan al movimiento social son aires de resistencia y de cambio, parecidos a los que despeinan el paisaje en otros lares.

Lo bueno de este trance es que, además, le ha servido al país para evidenciar que su Presidente carece de la entereza suficiente para reconocer la responsabilidad mayúscula que ha tenido en el estercolero suscitado, no solo por haber contado con una polea de transmisión permanente en las discusiones del Congreso, su ministro de Justicia, sino por haber estado atizando a su bancada de la Unidad Nacional para que desconociera los justos reparos de la oposición y le aprobara el adefesio que finalmente sacó a las calles a las vanguardias democráticas del país en procura de dar inicio a los procedimientos  revocatorios.

Ojalá que eso tan bueno continúe siéndolo. Y seguirá siendo bueno si no nos conformamos con ver por los suelos este nefasto proyecto y, al contrario, avanzamos hacia el entendimiento de que solo mediante transformaciones revolucionarias, orientadas a la creación de un Estado democrático, amigo de la paz, cimentado en los intereses de los ciudadanos y comprometido en avanzar hacia la abolición de toda explotación del hombre, podremos hacer de Colombia el paraíso que está llamado a ser por tener los recursos naturales y humanos que para ello se necesitan.

Por supuesto que no se trata de una bagatela. Es una tarea descomunal, revolucionaria, que sin embargo podemos cumplir si entendemos e interiorizamos la importancia de tres ingredientes que ya han demostrado su eficacia en otras luchas: La unidad para juntar recursos humanos y materiales, la organización para que no se desperdicien y la movilización para sacarles el provecho que a todos convenga.

Son ingredientes teóricamente compartidos por el PDA, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, la Mane, la Minga Indígena, la CUT y muchas otras organizaciones sociales y políticas. Desafortunadamente, y esto es lo malo, sin que se hayan visto materializados en acciones conjuntas. Si viéramos que la alegría de haber logrado el archivo del nefasto Acto Legislativo sirviera de estímulo a todas estas organizaciones, sería de esperar que se pusieran de acuerdo para sacar adelante, por ejemplo, un paro cívico nacional que le hiciera entender al Gobierno que le llegó la hora de poner sus barbas en remojo. 

domingo, 24 de junio de 2012

¡QUÉ VERGUENZA DE REFORMA!

 Por Rodrigo López Oviedo

Fue tanta la desfachatez con que actuó la aplanadora santista en el Congreso, y tan aberrantes los cambios que terminaron por introducirle los conciliadores de Senado y Cámara a la que era una insulsa reforma a la justicia, que el propio jefe de la banda, perdón… de la bancada, el presidente Santos, no pudo resistir el desbordado cúmulo de rechazos que tan vergonzoso acto legislativo generó, tanto nacional como internacionalmente, y se vio obligado a objetar el proyecto.
No era para menos. La impunidad y las gabelas campeaban en el texto aprobado. La violación al régimen de inhabilidades, por ejemplo, ya no causaría la pérdida de la investidura a los congresistas, y, por toda sanción, los infractores solo serían objeto de una suspensión por el término de un año.   

En igual sentido, el filo de la justicia quedaba pendiendo exclusivamente sobre el ciudadano del común, pues, a partir del acto legislativo, los organismos de investigación y acusación nada tendrían que hacer ante gobernadores, generales, ministros, representantes, senadores y magistrados, quienes solo podrían ser detenidos después de unos engorrosos trámites, siempre y cuando concluyeran en una resolución de acusación. Lo de esperarse entonces no sería otra cosa que la suspensión de más de mil quinientas investigaciones que en el momento se adelantan contra funcionarios aforados, la inmediata preclusión de buena parte de tales investigaciones y la excarcelación de los sindicados, ya que ni siquiera fue aprobado un régimen de transición que preservara lo actuado.
Si todo lo anterior no es legislar para la impunidad, ¿cómo puede llamársele?  

El país debe permanecer alerta. No sabemos hasta dónde el presidente Santos tan solo esté aparentando lavarse las manos con su arrebato de objeciones, y en lo íntimo de su ser tenga el deseo de aprovecharse del berenjenal jurídico en que quedó el país para transmitirle un mensaje contrario a su bancada, todo con el ánimo de que prevalezcan los aberrantes entuertos que contiene el Acto Legislativo.
Pero el pueblo ha venido tomando consciencia de que la solución está en su más activa participación, pero ahora orientada a derogar la reforma y revocarles el mandato a los congresistas que tan aviesamente le dieron su voto favorable. En tal sentido, el Polo Democrático Alternativo ya acogió el referendo como procedimiento para lograrlo. Puede ser, y de ponerse en curso, hay que apoyarlo. Pero también está ocupando sitial de honor en la agenda popular el paro cívico nacional, hacia el cual está trabajando la Marcha Patriótica. Son procedimientos que, al contrario de contraponerse, se complementan, y sobre los cuales nuestro pueblo sabrá ponerse de acuerdo. Ojalá no haya obstáculos en las alturas.

lunes, 18 de junio de 2012

LA RESPUESTA

Por Rodrigo López Oviedo

Como los trabajadores siempre hemos sido los trompos de poner, ahora debemos prepararnos para recibir una nueva agresión o disponernos a enfrentarla.
El Senado acaba de aprobar en primer debate un proyecto de Ley con el supuesto fin de crearnos un seguro contra el desempleo. No se trata, por supuesto, de devolvernos la estabilidad laboral perdida en los forcejeos con el neoliberalismo ni de concedernos un auxilio de supervivencia mientras conseguimos un nuevo trabajo. Al contrario, se busca restringirnos a un 50 por ciento el uso de las cesantías que recibimos cuando perdemos el empleo, pues el otro 50 entrará a hacer parte de un fondo que no reconoce intereses, y que solo llegará a nuestras manos en seis cuotas mensuales a partir de esa pérdida, siempre y cuando permanezcamos desempleados.

Lo que pretende el Gobierno es agregarle una derrota más a las mil que ya hemos sufrido los trabajadores colombianos. Para no ir muy atrás, recordemos las históricas luchas que se libraron en tiempos de la Junta Militar que sucedió a Rojas Pinilla. Interesados en elevar su capacitación, los trabajadores de entonces se dieron a la tarea de lograr que el Gobierno y los empresarios financiaran la creación y sostenimiento de un ente de formación profesional para el trabajo. Ese propósito no fue posible, y el movimiento obrero terminó renunciando a un punto de lo que recibía de las Cajas de Compensación para fundar y sostener, con los recursos liberados, el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA.
Y a pesar de que el 22 de junio de 1957 los trabajadores creamos el SENA para nuestra propia capacitación, sus recursos han sido objeto de desviaciones aberrantes. El 25 por ciento de su presupuesto, por ejemplo, se destina a las arcas de Colciencias,  así como muchos otros de sus recursos se desvían hacia programas de fomento empresarial, competitividad, desarrollo tecnológico, entre otros, de cuya importancia nadie duda, pero cuya financiación debería hacerse con recursos empresariales.

El proyecto analizado va por la misma línea de muchos servicios que el Estado debe atender con sus recursos, y no con los de los trabajadores. No está bien que las Cajas de Compensación Familiar se dediquen, por ejemplo, a programas de educación, existiendo un ministerio para atender las necesidades en ese campo. O que se hubiera desmontado el Inscredial para trasladar parte de sus responsabilidades a las mismas Cajas. Ni que las obligaciones tributarias del gran capital se reduzcan en desmedro de la inversión social o trasladando el valor reducido a mayores coberturas del IVA. Por fortuna, ya estamos dándonos cuenta de todos esos raponazos y preparando la respuesta: un vigoroso paro cívico nacional.

lunes, 11 de junio de 2012

MARCO CONSTITUCIONAL CONTRA LA PAZ

Por Rodrigo López Oviedo

Del marco constitucional para la paz que actualmente discute el Congreso no pueden esperarse ofertas seductoras que les hagan sentir  a las fuerzas insurgentes que valió la pena estar 50 años en el monte, sufriendo privaciones, arriesgando la vida y orientando luchas, y que llegó la hora de la reinserción. Lo que saldrá será una engañosa oferta orientada a quebrar la lealtad de los guerrilleros de base, a quienes con melosas propagandas se les hará creer que reinsertarse es todo cuanto  necesitan para poner el cielo en sus manos, pues a los jefes ni siquiera se les reconocerá el derecho ciudadano a acceder a cargos de elección popular.
Así de mezquina es la condición de nuestras oligarquías. La confrontación social y armada existente en el país, cuya existencia ahora cuenta por fortuna con el reconocimiento del Gobierno, no surgió por el alma negra de quienes han estado al mando de las distintas organizaciones guerrilleras, sino por haber sido expulsados los campesinos de sus tierras y proscritos los líderes populares de toda representación social y política.

Esa condición no ha cambiado en lo más mínimo. Todavía siguen en curso viejos procesos de expulsión de los campesinos de sus tierras en una alevosa contrarreforma agraria a la que el Gobierno no se compromete a ponerle fin; continúan vulnerándose los derechos a la sindicalización, a la representación, a la integridad personal y a la vida; los dirigentes populares tienen que desarrollar su actividad bajo esquemas de seguridad que les restan eficacia a sus liderazgos, y en cuanto a los derechos fundamentales, estos han sido transformados en mercancías, como bien lo pueden constatar quienes requieran servirse de los establecimientos de salud, educación o agua potable, para mencionar solo algunos ejemplos.
Entonces, siguen sin solución, y agravándose, los problemas que dieron origen a las organizaciones guerrilleras. Por eso, si se quiere que estas se  reintegren a la vida civil, se necesitará de gestos que, antes que de ellas, provengan del establecimiento, y que estén representados en principios de acuerdos de solución a tales problemas, comenzando por el reconocimiento de espacios desde los cuales las guerrillas puedan interactuar con las ramas del poder público y la sociedad civil.

Lamentablemente, esos gestos no se ven en el proyecto de acto legislativo. Al contrario, lo que ha dejado  ver el Congreso durante las sesiones en curso es no estar interesado en replantear viejas posturas. Lo que saldrá de sus deliberaciones es un nudo gordiano de dificultades que solo podrá ser desatado por la ciudadanía si resuelve ponerse en pié, como parece estarlo haciendo a través de la Marcha Patriótica y otras estructuras organizativas.

domingo, 3 de junio de 2012

INDIGNACIÓN A LA COLOMBIANA

Por Rodrigo López Oviedo

Las vigorosas marchas de los trabajadores estatales, realizadas bajo el cálido sol del pasado 30 de mayo y el pesado silencio de los grandes medios, representan una ratificación de la indignación que hemos venido evidenciando durante los últimos años y a la que nos están conduciendo todas las políticas neoliberales de las castas oligárquicas en el poder.
Podría decirse que los colombianos, mediante tales movilizaciones, nos estamos sintonizando con muchos otros pueblos del mundo, otrora poderosos y estables, como los europeos y de Estados Unidos, de los cuales resultaba impensable verlos en el estado de conmoción en que hoy se encuentran, exigiendo el fin de políticas que a nosotros también nos han sido impuestas y que al igual que a nosotros los están dejando sin pan y sin techo, sin educación y salud.

Sin  embargo, a diferencia de tales movilizaciones, las nuestras no obedecen a inciertas convocatorias que llegan por las redes y de las que se desconocen sus orígenes, aunque hayan tenido garantizado su éxito por tocar las fibras más sentidas  por esas sociedades, que  ya habían sido estimuladas por políticas neoliberales  impuestas con el fin de exacerbar la explotación en provecho de los dividendos del gran capital o buscando la solución de la profunda crisis capitalista.
No, nuestras movilizaciones, ya sean las adelantadas por los corteros de caña, por los trabajadores de la salud o de la educación, por los indígenas con su Minga, por los estudiantes universitarios con su MANE, por los luchadores contra la megaminería, por quienes salen en defensa del medio ambiente y la soberanía, o bien sean las movilizaciones del Congreso de los Pueblos o de la Marcha Patriótica, todas esas movilizaciones sociales han tenido en común que se sabe a cierta quienes las han convocado y con qué propósitos y, lo que es más importante, que casi todas han dejado estructuras de organización que les permiten proyectar nuevas movilizaciones en procura de sus objetivos, tanto los específicos como los generales.

Tal vez el factor de menor progreso, pero que a las claras nos muestra un derrotero hacia el que debemos avanzar, es el relacionado con la sincronización de todas esas iniciativas y organizaciones. Seguimos todavía sometidos al espíritu de capilla, aunque con obispos y arzobispos menos dados a los dogmatismos del pasado y más llamados a dialogar. Eso es lo que se está logrando a través de la Coordinación de Movimientos Sociales y Políticos de Colombia y lo que quedó corroborado con la movilización de la Marcha Patriótica.
Ojalá que ese espíritu prevalezca y se desarrolle. Nuestros indignados hermanos, los trabajadores europeos y estadounidenses, recibirían agradecidos nuestro aleccionador ejemplo.

domingo, 27 de mayo de 2012

EL TERRORISMO NO ES DE IZQUIERDA

Por Rodrigo López Oviedo

El doctor Fernando Londoño no es santo de la devoción de la izquierda. Menos lo es el ex mandatario del poncho y el perrero. El discurso de estos personajes es profundamente reaccionario y su práctica política reñida con los postulados de la ética. Las célebres actuaciones en Invercolsa, a través de las cuales el primero quiso apropiarse de unos derechos patrimoniales de tal empresa que estaban destinados a los trabajadores, y el trasegar del segundo por varias entidades del Estado, incluida la presidencia de la República, desde las cuales hizo lo menos posible por diferenciarse de Hitler, dan una idea de la catadura moral de tales señores, y sin embargo ello no justifica el atentado que produjo algunas lesiones al de Invercolsa ni el que supuestamente le tenía preparado al segundo el “Frente Carlos Gardel, de las Farc”, como jocosamente lo apuntó un importante caricaturista.
Debo aclarar que si lo anterior quedó dicho como si yo pensara que ambas acciones se originaron en la izquierda no es porque así lo crea. Es porque así quisieron hacérselo creer al país los grandes medios, apoyados para ello en irresponsables declaraciones de algunos generales que ni siquiera fueron respaldadas por Santos. Antes por el contrario, lo que hemos venido constatando es la existencia de una izquierda cada vez más civilista y resuelta a evitar que hechos aislados de sangre y terror la distraigan de la construcción de un orden político, económico y social con más justicia y pródigo en felicidad para todos los colombianos.

Cosa distinta es la que pueden decir los personeros del establecimiento. Limitados a mostrar una fachada de democracia que se circunscribe a señalarles a los electores por quién hay que votar cada cuatro años, el día a día de sus prácticas sí está teñido de terror y muerte. Y no me refiero solo al terror del desempleo que les imponen a muchos y a los bajos salarios con que afectan a los demás, ni a los dispensarios de muerte en que convirtieron nuestras instituciones de salud mediante la expedición de la Ley 100. Me refiero a las mucho más concretas manifestaciones de terror y de muerte que hemos conocido, por ejemplo, a través de las desapariciones forzadas y las ejecuciones por fuera de combate, también conocidas como falsos positivos, las cuales no nos dejan más alternativa que reconocer que estamos ante la existencia de típicos casos de terrorismo de Estado.
Estando el Estado en manos de la derecha y siendo un Estado terrorista, no nos queda más que colegir que el terrorismo es de derecha, no de izquierda, y que merece nuestro rechazo.

domingo, 20 de mayo de 2012

DE INMUNIDADES E IMPUNIDADES

Por Rodrigo López Oviedo

Se volvió costumbre del Gobierno tirar la piedra y esconder la mano; negar los hechos en la tormenta y reconocerlos en aguas calmas; aceptar que las cosas pasan solo cuando son incontrovertibles. Así lo vimos en la historia de humildes muchachos que terminaron asesinados dentro de un alevoso plan para cobrar los beneficios ofrecidos en memorandos militares a los que pronto se les descubrieron sus aristas criminales.  

Episodios de tal naturaleza solo en una ocasión generaron el debido remezón. Por ese entonces, las evidencias se hicieron tan ostensibles, y las responsabilidades llegaron a tan altos niveles, que el comandante general del Ejército, tres generales más, 11 coroneles y un mayor tuvieron que verse defenestrados de sus cargos al hacérseles imposible demostrar el embuste de las muertes en combate.

Ese episodio en particular hizo notorio un escandaloso encadenamiento de complicidades que, por no siempre salir a la luz pública, dejan ocultos a los responsables de unas estrategias de seguridad orientadas a eternizar un statu quo que solo beneficia a unas cuantas familias, de las cuales forman parte uno que otro de los muchos funcionarios que hoy se creen dueños del poder, no siendo en verdad más que ingenuos servidores de los verdaderos dueños, así finalmente saquen un modesto partido de las posiciones que ostentan.

En esa cadena de responsabilidades están los ejecutores tácticos de las decisiones estratégicas, que son los que asumen las culpas por los fracasos en que se incurra. Allí siempre habrá oficiales de variada graduación, puestos todos en camino a un generalato al que podrán acercarse, o incluso llegar, según sea su grado de obsecuencia en el cumplimiento de las estrategias.

Están también los otros, los inmostrables, los del trabajo sucio, los mancusos, aquellos personajes siniestros que no reciben charreteras ni rangos honoríficos, pero sí poderes libres de toda jurisdicción que no pueda sustraerse al imperio de sus armas.

Todos pagan sus responsabilidades con la impunidad; pero cuando esa impunidad se les hace imposible, los primeros pagan con el cargo, y algunas veces con las rejas; los segundos con las rejas, y si saben mucho, con la extradición. Ah, y ambos con el riesgo de pagar también con el silencio de los camposantos.

Los que sí nada pagan son los responsables de todo: los grandes dueños del país, que son los mayores beneficiados con tan vergonzosas complicidades. Y entre ellos, el que nos ha sembrado de más vergüenza, el mandatario del poncho y el perrero, que aunque le sean señaladas sus culpas por los mancusos que ayer le sirvieron, continúa orondo enrostrándonos la impunidad a que le da lugar la inmunidad presidencial. ¡Por ahora!

domingo, 13 de mayo de 2012

LOS "CHILLIDOS" TRIBUTARIOS DE SANTOS

Por Rodrigo López Oviedo

El presidente Santos le ha anunciado al país una reforma tributaria “para que chillen los ricos”. Conocidos los primeros pronunciamientos de su ministro de Hacienda, parece que los chillidos no tendrán tal origen, pues se seguirá por los caminos de la postración del Estado ante el gran capital y de deterioro de los intereses populares.

Hace algo más de 30 años, las sociedades anónimas (fundamentalmente sociedades entre ricos) pagaban un impuesto de renta del 40 por ciento, sus accionistas tributaban por los dividendos que ganaban y, como parte de las políticas de protección a la industria nacional, se gravaban las mercancías extranjeras con altas tasas arancelarias. También por ese entonces, las sociedades de responsabilidad limitada (fundamentalmente, sociedades entre pobres) tributaban el 20 por ciento y las cooperativas estaban exentas de todo pago.

El panorama de hoy es completamente distinto, pero solo para bien del gran capital. A las sociedades anónimas se les redujo el impuesto al 33 por ciento, las tasas arancelarias a casi ceros, se eliminó el impuesto a los dividendos y se crearon zonas francas por doquier, con impuestos irrisorios. Y para compensar el daño causado al erario por tan nefastas reformas, a las sociedades de responsabilidad limitada se les niveló la tarifa con la de las sociedades anónimas, se creó el IVA, a las cooperativas se les estableció un impuesto del 20 por ciento y, con la flexibilización laboral, se impuso la retención en la fuente sobre las rentas de trabajo.

Como si semejante historial no diera suficientes evidencias del favoritismo oligárquico con que han sido manejados los tributos, con la nueva reforma se busca que siga cayendo en picada el impuesto al gran capital, mientras, compensatoriamente, se nos anuncia la creación de un IVA del cinco por ciento a los productos de la canasta familiar que estaban exentos, disque porque el 70 por ciento de tales exenciones solo beneficia a los ricos. Claro que con los niveles de consumo del resto de la población, esta afirmación sí resulta irrebatible.

Ahora Santos ha dicho que no respaldará la extensión del IVA a nuevos productos por la imposibilidad de devolverles a los estratos más humildes lo que paguen por tal concepto. Seguramente se imaginó a esos millones de pobres haciendo apretujadas colas para que les devuelvan los 15 o 20 mil pesos que les arrebataría la reforma. Esta es una buena razón, pero sería preferible que, antes que por ella, se preocupara por el paro cívico nacional que le “chilla” pierna arriba, según los anuncios hechos desde tantos eventos populares como los que se han realizado, y muy especialmente desde la Marcha Patriótica.

domingo, 6 de mayo de 2012

LIBERTAD DE PRENSA Y DERECHO A LA INFORMACIÓN

Por Rodrigo López Oviedo

Según el artículo 20 de nuestra Constitución Política, los colombianos tenemos garantizada la libertad de expresar y difundir nuestro pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial y la de fundar medios masivos de comunicación.
Se trata, por supuesto, de un conjunto de libertades con respecto a las cuales no tendríamos sino elogios, sobre todo si fueran conducentes a la formación de una opinión pública cada vez mejor informada y, lo que es muy parecido, menos dúctil a los intereses de los verdaderos dueños del país, que son los únicos que pueden fundar medios capaces de convertir en verdades aplastantemente aceptadas lo que solo es el reflejo periodístico de sus reales intereses de clase.    

Cuando fue proclamado el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, las Naciones Unidas no solo reconocieron en ella “un componente esencial de toda sociedad democrática”, sino también “un derecho humano fundamental”. El que las grandes mayorías estemos al margen de toda posibilidad de ejercerlo como derecho es apenas una de las consecuencias de no contar con un Estado capaz de deslindar campos con el gran capital y de garantizarle al conjunto social el acceso a la información veraz y oportuna, esto es, sin sesgos que desnaturalicen su contenido.
Por eso no dudamos en señalar que habría sido mucho mayor la contribución de los constituyentes del 91 al bienestar de los colombianos si, en lugar de otorgarnos tales libertades, que ya teníamos y que a pesar de ello les agradecemos, hubieran señalado con toda la fuerza derivada de un mandato constitucional el carácter de derecho inalienable de tales manifestaciones de libertad y se hubieran establecido mecanismos suficientes para garantizar que su ejercicio efectivo no se convierta en letra muerta, como ha venido ocurriendo para las inmensas mayorías con toda la carta de derechos establecida en la misma Constitución.

Y si a lo anterior agregáramos la mordaza, la persecución y las amenazas de muerte que penden sobre nuestros periodistas independientes, además de los numerosos casos en que tan anómalas circunstancias ya se han hecho efectivas, tendríamos que concluir que en este campo está todo por hacer si no fuera por el esfuerzo de cientos de compatriotas que se dan a la tarea de aportar lo mejor de sí a través de los denominados medios alternativos. Ellos, sobreponiéndose a las angustias de tan criminal acoso, son los verdaderos garantes de que tengamos algunos atisbos de información veraz, imparcial y oportuna, mientras el Gobierno, al tiempo que protege la libertad de prensa oligárquica, se dedica a perseguirlos. A ellos dedicamos estas modestas palabras.

sábado, 28 de abril de 2012

TODO LO DEL POBRE ES ROBADO

Por Rodrigo López Oviedo

Como si no fueran muchas las  veces que estuvo por fuera de la legalidad, como la vez aquella que, prevalido de su condición de ministro de Defensa, ordenó un bombardeo sobre un país amigo, ahora el presidente Santos le exige explicaciones a Piedad Córdoba sobre la Marcha Patriótica y “los grupos armados ilegales” que supuestamente estuvieron ocultos tras el éxito que constituyó el triple desfile de lanzamiento de este importante movimiento social y político. Tal es el pensamiento de los poderosos: todo lo del pobre es robado.
Quien debería darle explicaciones al país es el propio Santos. Con su actitud lo único que demuestra es el susto que les ha producido a las clases que hoy dominan la escena política y económica del país esta confluencia de organizaciones políticas y sociales que, sustentadas en sus propios recursos, han logrado ponerse de acuerdo sobre una plataforma política en la que se ven reflejados todos los problemas nacionales y sus justas soluciones.

En lugar de estar pregonando fementidas financiaciones de las guerrillas, las cuales supuestamente están acorraladas y comiendo raíces, él, como primer responsable de la defensa de la constitución, de la democracia y de la vida, honra y bienes de los colombianos, debería responder por el sinnúmero de obstáculos que le sembró a la Marcha para dificultar su realización, los cuales comenzaron con las imputaciones sobre la supuesta infiltración, siguieron con los cientos de retenes que dificultaban el paso de los marchantes hacia Bogotá y terminaron con la desaparición de animadores del proceso, como ocurrió con Henry Díaz cuando organizaba las comitivas que participarían en el lanzamiento. De este importante líder del Putumayo aún no se sabe su paradero.
Si el presidente Santos fuera en verdad un demócrata, como quiere que se lo vea en el exterior; si estuviera comprometido con esa “tercera vía” hacia el desarrollo, de la cual quiso ser principal vocero entre nosotros, debería romper con las ataduras del imperio y su clase social y acercarse a la plataforma política de Marcha Patriótica, donde encontraría las reales fórmulas de solución a la grave problemática del país y de sus inmensas mayorías y la mejor forma de proyectarse hacia las páginas de la historia.         

Como lo anterior es mucho pedir, lo mejor es que quienes creemos en el carácter ciudadano de Marcha Patriótica apuremos el paso. Sólo nosotros podemos ser los gestores de la definitiva independencia nacional y de la construcción de esa Colombia con felicidad para todos. Ah, y mientras tanto, exijámosle a Santos todas las garantías democráticas para que nosotros sí podamos realizar lo que su clase le impide que haga.

lunes, 23 de abril de 2012

LA MARCHA PATRIÓTICA SE SOBRÓ

Por Rodrigo López Oviedo

Principio del foNo sé cuántas personas le quepan a la Plaza de Bolívar de Bogotá y tampoco cuántas veces habrá sido colmada; lo que sí creo es que han debido ser muy pocas, y ninguna comparable con la masividad y el entusiasmo del pasado 23 de abril. Los organizadores de la Marcha Patriótica por la Segunda Independencia tenían previsto llevar a ella unas 80 mil personas, y para ello prepararon tres desfiles que partirían desde tres distintos lugares de la ciudad, pero con uno fue suficiente. Cuando los otros dos desfiles quisieron entrar, se encontraron con una Plaza completamente atiborrada por los primeros marchantes. ¡De tal tamaño fue el éxito alcanzado en el lanzamiento de este movimiento social y político!

Siendo la Marcha Patriótica la más amplia confluencia que hayamos tenido de organizaciones que ven con vergüenza la postración de nuestro país a los dictados del imperio y los extremos desequilibrios que se han formado como consecuencia de unas políticas que solo consultan los intereses oligárquicos, todo el entusiasmo mencionado es una evidencia clara de las inmensas fuerzas que pugnan por encontrarle soluciones de fondo a tan grave problemática, aún a costa de tener que sufrir la experiencia de tantos luchadores que han tenido que sacrificar su libertad, y hasta su vida, por alcanzar transformaciones que hagan más amable la vida para todos los colombianos.

Por eso no dudamos en calificar de exitosa su realización como satisfactoria la conformación de su organismo de dirección, el Consejo Patriótico Nacional. El Gobierno nacional debe ver en esto una notificación de rechazo por sus políticas de favorecimiento a las transnacionales, que vienen siendo las más beneficiadas con ´las locomotoras´ del plan de desarrollo; a los empresarios de la guerra, que igual se lucran con los multimillonarios presupuestos de defensa, y a los sectores financieros, usufructuarios como los que más del estado de cosas imperante.

Pero también deben sentirse aludidos aquellos sectores de izquierda que parecen ver reducido todo su compromiso político a lo que pase en las urnas. Los cerca de 120 mil colombianos que quisieron estar en la Plaza de Bolívar y los cerca de cuatro mil delegados que en representación de más de 2000 organizaciones de masas suscribieron la declaración final les dicen a estos dirigentes que vacilan entre ser y no ser que hay procesos que se dan incluso contra el querer de sus líderes; y que lo mejor es animar tales procesos con entusiasmo antes de que se vuelvan contra ellos. Esa participación entusiasta es la mejor manera de acercarnos al gran sueño del Libertador Simón Bolívar: ¡Alcanzar el mayor grado de felicidad para nuestro pueblo!

lunes, 16 de abril de 2012

TODO POR LA UNIDAD

Por Rodrigo López Oviedo

Una de las grandes lecciones que la izquierda en Colombia le debe aprender a la derecha es que la unidad sí es posible. La derecha ha logrado unirse cada vez que las coyunturas históricas se lo han demandado. ¿Qué otra cosa fue sino un pacto unitario de la derecha la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla? ¿Qué otra cosa fue sino un pacto de la derecha el Frente Nacional? ¿Qué otra cosa sino un pacto de la derecha el sostenimiento por ocho años del presidente del poncho y el perrero? ¿Y qué otra cosa el actual fenómeno de la llamada “Unidad Nacional”, en torno al cual se ha coaligado el 95 por ciento de la representación congresual?

Por desgracia, los procesos unitarios de nuestra izquierda no afloran con igual generosidad; y cuando las coyunturas parecieran crearle condiciones para su configuración, aparecen los purismos, los vanguardismos, los macartismos y demás muestras de sectarismo, cuando no es el más repudiable oportunismo el que se atraviesa, cual vaca muerta en medio del camino, dificultando cualquier avance.

El Polo Democrático Alternativo es hoy por hoy la única fuerza debidamente estructurada como partido que le hace frente al régimen con claras posiciones de izquierda. Sin embargo, siendo un organismo en construcción, no ha logrado superar aún muchos de los anteriores vicios, lo cual le ha impedido reconocerse plenamente como parte, y solo parte, de ese gran océano que conforma la pluralidad de la izquierda colombiana y aceptar que en torno a él se mueven muchos otros sectores, frentes y movimientos que, como la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, la Minga Social Indígena y la Mane, pugnan por encontrar senderos de redención para nuestra adolorida patria.

Buscar que se supere de manera más o menos inmediata la incomprensión de este fenómeno debería ser el propósito de la dirección nacional del Partido. ¿Pero qué hacer cuando es en el seno mismo de esa dirección donde más crasamente se manifiesta esa incomprensión? ¿Qué hacer cuando las tareas que se creían programadas para superarla, como los Seminarios Ideológicos Nacional y Departamental resultan aplazadas con explicaciones que a nadie convencen, quedando todos a la espera de que en el segundo semestre puedan realizarse?

Ahí es donde debe aparecer la voz del pueblo, expresada a través de la militancia de base, recordándoles a sus dirigentes que las necesidades de la unidad fueron las que le abrieron camino a la fundación del Polo y que nuestro Ideario de Unidad es la carta de navegación que nos señala el camino hacia el entendimiento con otras fuerzas. Utilizarlo sin sectarismos es el camino que nos impone el momento presente. 

AUTONOMÍA PARA CONSEGUIR LA PAZ


Por Rodrigo López Oviedo

El país asistió con gran alegría al retorno de los últimos integrantes de la fuerza pública que se hallaban en poder de las FARC. No valieron las advertencias del Gobierno para que el hecho no se convirtiera en un show mediático. Así terminó siéndolo porque a los medios les convenía que así fuera. Ellos derivan enormes ganancias de cuanto evento pueda ser explotado publicitariamente, además de que sirva para el trabajo de alienación que se les ha encomendado en beneficio del orden imperante.

Para el caso de este comentario, lo que preocupaba al presidente Santos no era tanto esa explotación mediática; al fin de cuentas él ha sido un hombre de los medios y sabe lo que a estos les reporta el vivir prosternados al gran capital. Lo que sí le interesaba era que se les pusiera sordina a los verdaderos héroes de estas liberaciones, es decir, a Colombianas y Colombianos por la Paz, con Piedad Córdoba a la cabeza, y evitar que el clamor por la paz que a diario hace esta Organización ocupara los merecidos primeros lugares.

Que estas liberaciones constituyen un gesto de singular importancia de parte de las FARC es cosa que  muy pocos ponen en duda. Pero también es de no dudar que al presidente Santos no le interesa verlas en esa dimensión, pues prefiere que antes que la paz prevalezcan los intereses con olor a botas, pólvora y pertrechos militares, que son los de quienes se han lucrado con nuestra cincuentenaria guerra.

Ahora anda clamando por autonomía para trasegar, él solo, los caminos de la paz, como si alguna vez su clase oligárquica hubiera tenido autonomía alguna para manejar desde el poder los asuntos de la guerra. ¿Acaso no fue por una directriz del gobierno estadounidense, conocida como el Plan LASO (Latin American Security Operation), que comenzó a desarrollarse la más sanguinaria persecución contra el movimiento campesino, la cual llevó a este a organizarse en autodefensas? ¿Acaso no arrancó de esa falta de autonomía la historia de las FARC? Si tanto le interesa la autonomía, ¿por qué no se deshace de las imposiciones del imperio? ¿Por qué no pone de patitas tras fronteras a sus asesores militares? ¿Por qué no ordena el retiro de las bases militares norteamericanas?

En lugar de andar engañando incautos y rechazando a las fuerzas vivas de la nación que le señalan el camino de la paz, el presidente Santos debería acudir a ellas en procura del respaldo que lo haga grande y soberano ante el imperio, pues es lo mínimo que necesitaría para poder asumir, ahí sí con autonomía, la búsqueda de la paz.

martes, 3 de abril de 2012

INACEPTABLES SEÑALAMIENTOS

Por Rodrigo López Oviedo

Resulta una infamia contra el movimiento popular que, al tiempo que se asesina a sus líderes, como ha ocurrido, por ejemplo, con cerca de 60 dirigentes vinculados a los procesos de restitución de tierras, se le vulnere su derecho a organizarse, como quieren hacerlo los organismos de seguridad del Estado con la Marcha Patriótica por la Segunda y Definitiva Independencia.

La Marcha Patriótica es, en realidad, la segunda versión, corregida y mejorada, de la que se realizó en Bogotá el 20 de julio de 2010 y a la que concurrieron más de 30 mil personas de más de 660 organizaciones de masas. Sin embargo, según el diario El Tiempo, para los organismos de seguridad, ella no es más que el cumplimiento de una iniciativa del comandante fariano Iván Márquez, transmitida al también comandante guerrillero Alfonso Cano, según un supuesto correo encontrado en los computadores del Mono Jojoy.

Lo que debemos entender los colombianos de estas falsas alarmas es que la Marcha ha venido tomando cuerpo y que para debilitarla, pues no podrán evitar que se realice, los enemigos de la organización popular no han encontrado forma más engañosa que el tradicional procedimiento de espantar con el coco de la guerrilla a los espíritus más débiles del movimiento con miras a sustraerlos de la movilización, que concluirá en Bogotá el 23 de abril con la instalación del Consejo Patriótico Nacional.

Por fortuna, los basamentos de la Marcha son suficientemente sólidos para sortear con éxito esta arremetida. Pero sobre todo, tienen una justificación que los hará prevalecer, pues reivindican una conquista en la que deberíamos estar todos de acuerdo, incluidos los mismos organismos que se han encargado de emponzoñar la iniciativa con veneno de tan repetida usanza.

Esa conquista no es otra que la de construir un nuevo poder que sea capaz de garantizarnos nuestra segunda y definitiva independencia y las transformaciones económicas, políticas y sociales que hagan de nuestro país, al fin, un territorio de paz y de progreso, donde todos podamos encontrar las condiciones necesarias para vivir en felicidad.   

Actuando con esta convicción, las organizaciones que trabajan en esta segunda edición de la Marcha no se dejarán amedrentar ni confundir, y seguirán priorizando su accionar hacia la realización de esta movilización, que será la más grande que recuerde nuestra historia reciente. Ah, y con estas organizaciones estarán los sectores consecuentes del Polo Democrático Alternativo, dejándoles a los dirigentes que se cocinan en el salario del miedo a las masas la comodidad de los directorios a que quisieran ver reducida una organización política que nació para hacer historia con el pueblo, y no para resignarse en apuestas meramente electoreras.

SI, PERO NO

Por Rodrigo López Oviedo

Preocupado por sus propias angustias, que son las de hacer prevalecer el interés de la clase oligárquica sobre los de la nación, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos se ha olvidado de las de las familias y amigos de los diez policías y soldados que se encuentran en manos de las FARC -a los cuales las propias guerrillas han ofrecido poner en libertad-, y ha tachonado de obstáculos el camino a tan anhelada liberación.

El primero de tales obstáculos fue el de haber  fingido desconocer la existencia paralela de una guerra formal entre el Estado y la insurgencia y una guerra sucia orientada por los sectores más retrógrados a eternizar el conflicto en bien de quienes se lucran con él. Tal fingimiento fue el que condujo al ministro de Defensa a decir que si la guerrilla quería liberar a los retenidos era suficiente con que los embarcaran rio abajo en cualquier canoa que ellos bien sabrían encontrar su libertad.

Después vendría el desconocimiento, también fingido, de la importancia y conveniencia de la intermediación del gobierno brasileño, pese a que los apoyos de este a varias liberaciones anteriores arrojaron excelentes resultados sin que hubiera habido motivos de queja para ninguno de los intervinientes. El haber tenido que reconocer estos antecedentes y, en consecuencia, concederle el aval al vecino Gobierno,  no fue óbice para que aparecieran otros inconvenientes.

El más sentido en este momento es el de negarles a las integrantes de la misión internacional “Mujeres del Mundo por la Paz” la autorización, que ya les había sida otorgada antes, para visitar las cárceles del país en procura de constatar el estado en que se encuentran los presos políticos, con el extraño argumento de que en nuestro país no existen presos políticos, a pesar de que ya el INPEC reconoció la existencia de 15 mil y de que cierto ex presidente reclama el mismo reconocimiento para sus cientos de copartidarios presos, además del de perseguidos políticos para quienes pusieron pies en polvorosa al sentir tras de sí los pasos de la justicia.

Aunque nunca nos hicimos ilusiones, algunos si sentimos un ligero alivio al escuchar que Santos daba un cambio al lenguaje de su antecesor y reconocía la existencia de un conflicto armado en el país. Hoy, con tantos obstáculos, no nos queda más remedio que seguirnos ratificando en nuestro escepticismo, pues no vemos claro que se reconozca el conflicto pero no sus consecuencias, una de las cuales es, precisamente, la pérdida de la libertad de algunos, incluso muchos, de los confrontados.

Esperemos a que en la solución de estas incertidumbres prime la libertad y no la guerra.

EL CONSEJO PATRIÓTICO NACIONAL

Por Rodrigo López Oviedo

En pasado comentario nos referíamos a la Marcha Patriótica por la Segunda Independencia y decíamos que ella es “una gran coalición de organizaciones sociales y políticas que han resuelto encarar con sentido unitario la segunda versión de la frustrada gesta independentista del siglo XIX, además de realizar importantes transformaciones que contribuyan a hacer de nuestro país el mejor vividero para todos sus hijos”.

Los dos propósitos mencionados son de naturaleza esencialmente política y sus protagonistas son aquellos que, por haber sufrido por años la marginación, se han visto obligados a asumir las más variadas formas de organización en procura de hacerles frente bajo mejores condiciones, a los responsables de tan ingrata suerte.

Por eso no puede quedarnos ninguna duda de que la Marcha Patriótica por la Segunda y Definitiva Independencia es un movimiento social y político que, así como  tendrá que luchar por las reivindicaciones concretas de cada uno de los sectores que la conforman, orientará su brújula hacia la constitución de un nuevo poder que sea capaz de garantizar la independencia de la nación y acometer las transformaciones necesarias para borrar la desigualdad social que nos tiene tan mal posicionados en el mundo.

Las  organizaciones conformantes de la Marcha Patriótica en el Tolima están impulsando para este sábado 24 de marzo la realización de un Seminario Taller sobre tres temas fundamentales: Características de la Marcha, su plataforma política y su estructura organizativa.

Se aspira a que entre los conferencistas podamos contar con el profesor Sergio de Subiría, destacado académico que ha dedicado sus más importantes esfuerzos intelectuales a la búsqueda de caminos que conduzcan a un mundo mejor para los colombianos. Pero también se busca que los salones de Sintrafec, donde se realizará el evento, se vean atiborrados de representantes de las organizaciones sociales y políticas y de ciudadanos en general, pues la portentosa tarea que hay por delante no admite discriminación que vaya más allá del deseo de aportar a ella.

Y siendo este evento una preparación local de lo que será esa gran fiesta nacional en que se convertirá el lanzamiento oficial de la Marcha Patriótica y la creación de su organismo rector, el Consejo Patriótico Nacional, lo cual ocurrirá en Bogotá del 21 al 23 de abril próximos, se aspira a que una de sus conclusiones más importantes sea el compromiso de las organizaciones a prepara un masivo desplazamiento de sus afiliados hacia esa ciudad. Del tamaño de ese desplazamiento, de la convicción de los participantes y del compromiso con el que regresen a irrigar la experiencia obtenida, dependerá el afianzamiento de los propósitos de la Marcha en el corazón del pueblo.

domingo, 11 de marzo de 2012

LA MARCHA NO DA ESPERA

Por Rodrigo López Oviedo

Un anhelo en el que coinciden todos los pueblos del mundo es el de no estar sometidos a ninguna potencia extranjera. Claro que hay un anhelo mayor y es el de sus sectores más esclarecidos y progresistas de llegar a ese estadio supremo del desarrollo social en el que, habiéndose superado las fronteras de toda separación nacional y extinguido el Estado, “la tierra será el paraíso bello de la humanidad”.

Que las expectativas presentes no dan para tanto es cosa clara para muchos, como lo es que a lo sumo que podemos aspirar es a realizar ese sueño patriótico, aunque intermedio, de conquistar la independencia que ya antes le habíamos arrebatado a España y que de inmediato perdimos a manos de Estados Unidos gracias a nuestras oligarquías.

Pero bueno, en esas andamos y, por fortuna, cada vez son más los que se suman a la lucha por esa realización tan apremiante. La Marcha Patriótica por la Segunda y Definitiva Independencia es una prueba de ello. La Marcha Patriótica es una gran coalición de organizaciones sociales y políticas que han resuelto encarar con sentido unitario la segunda versión de la frustrada gesta independentista del siglo XIX, además de importantes transformaciones que contribuyan a hacer de nuestro país el mejor vividero para todos sus hijos.

En la Marcha Patriótica tienen cabida quienes comulgan con la instauración de un nuevo poder, libre del sometimiento a la dominación extranjera y que garantice reformas estructurales que, en lugar del capital, pongan al hombre en el centro de sus preocupaciones.

En la Marcha Patriótica caben quienes, estando o habiendo estado en otros procesos de unidad, entiendan la conveniencia de reforzar esa experiencia con nuevas iniciativas unitarias; pero también quienes habiendo sido reacios a ellas, vean hoy encarnado en la Marcha el ejemplo que ofrecen otros pueblos del mundo, y entre ellos, de manera destacada, los hermanos latinoamericanos.

La Marcha Patriótica nada tiene que ver con el poder establecido. Por el contrario, su fortaleza depende de las organizaciones políticas y sociales que la componen y de aquellas otras que se le vayan vinculando, pues solo en la ciudadanía, pero muy especialmente en la que hace parte de las organizaciones sociales y movimientos políticos, está la fuerza que hará posible concretar en realidades su plataforma de transformaciones.

La autoridad mayor de la Marcha Patriótica reside en su Cabildo Abierto Nacional y Permanente y sus dirigentes llaman a superar la dispersión social de las regiones constituyendo a la vez los Cabildos Abiertos Departamentales, Municipales y Locales. Contribuir al cumplimiento de esta tarea debe ser el compromiso de todos los amigos de la segunda independencia.

domingo, 4 de marzo de 2012

EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Por Rodrigo López Oviedo

Este próximo jueves, se celebrará en el mundo el Día Internacional de la Mujer. Pese a lo reciente del vuelo que ha tomado entre nosotros tan importante fecha, su origen se remonta a 1910. Por aquel entonces, Clara Zetkin y Luise Zietz, dos mujeres alemanas que desde sus primeros años de juventud compartían las luchas del movimiento socialista contra las condiciones de esclavitud asalariada que golpeaba a la clase obrera, entraron en preocupación adicional por la suerte de la mujer trabajadora, por el trato desigual que recibía en las fábricas, por su aflicción ante los muchos derechos sociales, económicos y políticos de que carecía y por la falta de futuro para su clase y para sus hijos.
Estas aguerridas mujeres, Clara Zetkin y Luise Zietz, asiduas participantes en cuanto evento desarrollaba el movimiento obrero europeo, aprovecharon los muchos contactos que su extendida experiencia les prodigaba y la realización en Copenhague de una conferencia internacional de más de 100 mujeres socialistas, procedentes de 17 países, para hacer aprobar, en agosto de 1910, la celebración del “Día Internacional de la Mujer” o “Día de la Mujer Trabajadora”. Desde entonces, y poco a poco, se fue generalizando y unificando tal celebración en la fecha del ocho de marzo.

Sin dejar de reconocer que, a cien años de haberse dado inicio a esta distinción, muchas han sido las mujeres  que han logrado descollar en el mundo de la política, las artes, la ciencia, el deporte, la cultura y demás manifestaciones de la actividad humana, las preocupaciones de Clara Zetkin,  Luise Zietz y multitud de luchadoras más que han pugnado por igualar las condiciones de vida de la mujer a las del hombre aún continúan vigentes en alto grado para la inmensa mayoría de nuestras compañeras de existencia.

Lo anterior es una evidencia suficiente de la vigencia y vitalidad del pensamiento de estas destacadas líderes, a quienes el mejor homenaje que les podemos rendir es el de seguir acompañando a la mujer en la lucha por sus particulares reivindicaciones y perseverar en las otras por transformar un mundo que ha sido tacaño en motivos de felicidad para todos. Ah, pero también asumiendo esta celebración como una tarea de todos los trabajadores, con lo cual evitaremos que los patronos la aprovechen ilícitamente para congraciarse con sus explotadas de siempre mediante celebraciones de baratija, con las cuales procuran castrar el espíritu de clase de esta fecha.
El ocho de marzo es, pues, un día para conmemorar las muchas y valerosas luchas de la mujer trabajadora. Ese es su espíritu primigenio, y con ese espíritu debemos acompañarlas en esta importante fecha.

lunes, 27 de febrero de 2012

INICIATIVAS POR EL AGUA

Por Rodrigo López Oviedo

La época en que vivimos la caracteriza una gran ofensiva de los dueños del capital contra todo lo que implique la prevalencia de lo social. Se trata de una ofensiva que en algunas partes ha contado con la resistencia del Estado, pero en otras, como es nuestro caso, con su complicidad.
Un sector en el que no ha dejado de notarse esa ofensiva es el del agua potable. Las normas que regulan este sector, ley 142 de 1994, con alguna que otra modificación, reflejan el espíritu del mandatario de entonces, el doctor César Gaviria Trujillo, el mismo que le concedió patente de corso a la iniciativa privada al ponerle en sus manos las políticas neoliberales y de apertura económica. Con base en tal legislación, el gobierno de Ernesto Samper otorgó las primeras concesiones de aguas, una en Cartagena y otra en Barranquilla, dándole  curso al largo viacrucis de sometimiento de tan vital derecho a los caprichos capitalis tas.

Desde entonces, todo lo que las altas instancias de la política nacional hagan u ordenen hacer en materia de suministro, calidad y eficiencia de los servicios de acueducto y saneamiento básico, y en general sobre servicios públicos domiciliarios, está inspirado en altas tasas de rentabilidad para la banca y los inversionistas privados que participan en su prestación, sin que haya ningún interés por las tasas de retorno social, que son, en últimas, las que deberían primar cuando quiera que se trate de decisiones gubernamentales.
Para fortuna de todos, existe un sector social que se  está moviendo: El de los propios directivos de los acueductos comunitarios y veredales, quienes vienen afinando iniciativas para desarrollar un movimiento nacional que pueda asumir con posibilidades de éxito las tareas que conduzcan a la pronta y definitiva solución de tan grave problema o evitar que se agudice más. Con tal propósito, se reunieron en Bogotá el pasado 18 de febrero en el Primer Seminario Nacional de Organizaciones Comunitarias Prestadoras de Servicios Públicos.

En tal evento, los directivos presentes, 60 en representación de 14 departamentos, luego de examinar su problemática, acordaron avanzar hacia la organización de todas las comunidades vinculadas a estos acueductos, procurando copar las diferentes instancias en que pueda darse tal organización hasta estructurar federaciones departamentales que converjan en una Confederación Nacional, como viene ocurriendo en otras partes del continente, donde igual problemática los viene embargando. Desde ya les auguramos éxitos.
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He conocido de las dolencias que viene sufriendo el académico Julio César Carrión. Quienes admiramos la profundidad de su pensamiento, su sentido crítico y su valor civil sentimos como propios sus quebrantos y hacemos votos por su pronta recuperación. ¡Ánimo, profesor!