lunes, 26 de julio de 2010

TRAS EL CONFLICTO CON VENEZUELA

Por Rodrigo López Oviedo

Según algunos analistas, detrás de la nueva edición de El parto de los montes que dio al traste con lo que quedaba de relaciones con Venezuela está el deseo de Uribe de tender una cortina de humo sobre el espectáculo de horror que se descubrió en la Macarena, donde la apertura de una fosa común lanzó a los cuatro vientos una evidencia más de la putrefacción de su gobierno: dos mil cadáveres de inocentes colombianos, asesinados por la fuerza pública, según se puede deducir de las reacciones de Uribe, las declaraciones de testigos y la colindancia de la fosa con un cuartel del Ejército.

Al servir de obstáculo a las supuestas intensiones de Juan Manuel Santos de normalizar las relaciones con el hermano país, hay también quienes creen que esta burrada diplomática solo tenía por propósito notificarle al electo Presidente que tiene que ser más consultivo con el uribismo, sobre todo en materia de designaciones ministeriales, pues bien se sabe de las repercusiones que ello tendrá en la posterior ejecución de las políticas de gobierno, y a Uribe no le interesa ocupar en ellas un puesto marginal.

Pero otros encontramos en el hecho razones muchos más graves, aunque quisiéramos estar equivocados. Vemos con preocupación que este disparate coincide con muchas piezas de la política internacional del Imperio, todas relacionadas con las guerras de invasión que ha lanzado en procura de una riqueza, el petróleo, que al tiempo que escasea, se torna imprescindible para mantener sus ritmos de crecimiento.

Precisamente el hecho de tener Venezuela una de las mayores reservas del planeta es lo que la pone en riesgo de una agresión imperial. De allí que veamos preocupantes coincidencias entre las guerras del oriente medio y los desplazamientos de la IV Flota sobre el Caribe, los nuevos emplazamientos militares en Panamá, las siete bases militares en Colombia, la toma de las aguas continentales de Costa Rica por 35 buques norteamericanos con los debidos pertrechos de guerra y nuestra salida en falso ante la OEA.

Tan explosivo coctel está siendo servido por orden del Pentágono con la complicidad de algunos de países, entre ellos Colombia. Su objetivo es la invasión a Venezuela y lo que falta es que nuestro Gobierno active el pretexto, como intentó hacerlo Uribe a solo 12 días de entregar su mandato.

Por fortuna, la sumisión continental al Imperio parece ser ya cosa del pasado, salvo tres o cuatro excepciones. Sin embargo, no debemos descuidarnos. Venezolanos y colombianos somos pueblos hermanos y podemos estar temporalmente separados, pero jamás enfrentados, por fuertes que sean las órdenes del Pentágono y mucha la sumisión de nuestras oligarquías.

martes, 20 de julio de 2010

EL GRITO QUE NOS FALTA

Por Rodrigo López Oviedo

El país está de fiesta. Hoy hace 200 años salió de su marasmo la ciudadanía santafereña, luego del acicate recibido, no del chapetón González Llorente y su florero, sino de unas condiciones sociales cada vez más agravadas por "el suave yugo de su majestad", de unas circunstancias políticas que sacudían a la metrópoli desde 1808 y del ejemplo de varias poblaciones que venían levantándose tras reivindicaciones que ya excedían las simples protestas contra el mal gobierno.

Para ese 20 de Julio, el ambiente se hallaba favorecido por una serie de acontecimientos, varios de ellos inspirados en la independencia de Estados Unidos, pero todos de una importancia especialmente grande. Así fueron los levantamientos indígenas de Tupac Amarú y Tupac Katiri, la Revolución de los Comuneros, la Expedición Botánica, la publicación de los Derechos del Hombre y, por sobre todo, las rebeliones de Haití y de Coro, ésta en Venezuela, en las que miles de negros y mulatos se levantaron contra los terratenientes y proclamaron la primera independencia nacional y la libertad de los esclavos.

Los anteriores acontecimientos sirvieron para animar otros levantamientos, como los de Caracas, Barinas, Cumaná, Puerto Cabello, Guayana, Cartagena, Pamplona, Villa del Socorro y Quito, entre otros, los cuales estuvieron menos lastrados que el grito de Santafé, pues a diferencia de este, fueron expresión de los aires realmente independentistas que soplaban por el continente y no mera manifestación de rechazo al mal gobierno. En el levantamiento de Quito, por ejemplo, el Conde Ruiz de Castilla, presidente de la Audiencia de esa ciudad, fue sustituido con sus ministros por una Junta Suprema de criollos que levantaban contra España la consigna: "Pueblos de América: favoreced nuestros designios, seamos uno".

Los acontecimientos del 20 de julio no fueron tampoco una reyerta espontánea, producto de malquerencias entre españoles y criollos, como se nos ha querido hacer creer. En su desarrollo hubo premeditación, aunque en esta no estaba incluida la participación popular, a la que, por el contrario, se quería tener marginada. Y fue precisa e irónicamente la irrupción popular la que le dio a esta fecha la dimensión histórica que hoy se le atribuye. Gracias a personajes salidos de esa entraña popular, como José María Carbonell, las energías desatadas el 20 de julio se pudieron encausar hacia objetivos realmente independentistas.

Desafortunadamente no fue suficiente. El celo de las aristocracias criollas contra tales manifestaciones populares, y entre ellas mismas, llevó a lo que se conoció como la Patria Boba, luego a la reconquista española, después a la gesta acaudillada por Bolívar y, finalmente, a la actual forma neocolonial de dependencia. Estamos debiéndole a la patria la segunda emancipación.

domingo, 11 de julio de 2010

¡BYE, BYE, MISTER DOLLAR!

Por Rodrigo López Oviedo

Con la llegada a la dirección de algunos países latinoamericanos de unas formas nuevas de conducir sus destinos, hemos comenzado a acariciar con mayor realismo la posibilidad de concretar el sueño bolivariano de una patria grande, libre de las imposiciones norteamericanas. Las manifestaciones de ese sueño, que antes se hallaban reducidas a ese faro solitario que era la Revolución Cubana, se han ampliado con el ascenso al poder de algunos líderes que están convencidos de que solo mediante la más férrea integración, basada en principios de complementariedad, solidaridad y soberanía, pueden nuestros pueblos concretar ese sueño.

Así han venido actuando Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, y los logros comienzan a verse. La conformación de la Alternativa Bolivariana para América Latina –ALBA- es el primero, y con él, los países miembros no solo han comenzado a sentirse como una comunidad organizada y protegida contra las reacciones adversas que son tan propias del Imperio cuando se realizan acciones inconsultas en lo que él considera su patio trasero, sino que, además, han logrado elevar la participación política de sus pueblos, superar la reacción interna y, con altibajos, desarrollar políticas de mejoramiento de la calidad de vida. Hoy, por ejemplo, países como Venezuela y Bolivia pueden orgullosamente ostentar el privilegio, otrora exclusivamente cubano, de ser reconocidos por la Unesco como territorios libres de analfabetismo.

Solo en un escenario como el anotado ha sido posible que estos países empiecen a encontrar también su soberanía monetaria y financiera. Efectivamente, el patrón dólar, tan supuestamente imprescindible en sus operaciones comerciales, comienza a ser cosa del pasado: en reemplazo de él, ha surgido el SUCRE, la expresión monetaria del Sistema Único de Compensación Regional.

El Sistema Único de Compensación Regional, que fuera creado en Cumaná en abril de 2009, es un sistema de cuenta corriente que permite a los importadores de los países del Alba consignar en los bancos centrales de sus países, en su moneda nacional, el valor de cada importación y estos bancos les trasladan a los bancos centrales de los países exportadores el mismo valor, pero en sucres, para que allí efectúen los pagos a los exportadores en la moneda nacional de estos.



Claro, se trata de un avance lento, pero sin pausas. Hasta hoy, solo Cuba, Ecuador y Venezuela han comenzado a utilizar esta moneda, pero ella poco a poco se irá convirtiendo en la que sirva a todos los países del Alba a sus intercambios comerciales, a la reducción de sus vulnerabilidades y al pleno ejercicio de su soberanía monetaria. Cuando esto ocurra, tales países podrán decir: ¡bye, bye, mister dollar! La pregunta es: ¿Y nosotros cuando?

lunes, 5 de julio de 2010

EL CASO CHILENO

Por Rodrigo López Oviedo

En la pasada campaña presidencial, escuchamos de algunos candidatos, especialmente del hoy electo Juan Manual Santos, algunas invocaciones a la actual situación de Chile, mediante las cuales presentaban logros a los cuales podríamos llegar los colombianos si acogíamos sus propuestas programáticas. En realidad, lo que se hace en Chile no es muy distinto de lo que se aplica en Colombia, solo que allá lo hacen con menos corrupción. De todas formas, sería bueno adelantar un debate acerca de si ese modelo común es el que conviene a nuestros pueblos, o en caso contrario, cuál es el que necesitamos.

Dentro del concierto latinoamericano, Chile ha sido el país más obediente a los mandatos del Consenso de Washington. Esto le ha permitido alcanzar y sostener por algunas décadas estándares macroeconómicos superiores al promedio de la región, pero al mismo tiempo le ha ocasionado el eclipse más rotundo del poco bienestar que sobrevivió al gobierno del inmolado presidente Salvador Allende.

Efectivamente, Chile es uno de los países que más se destacan en los índices de desigualdad social. Ya a comienzos del gobierno de Michelle Bachelet, el ingreso del cinco por ciento de la población más rica era 209 veces el ingreso del cinco por ciento de los más pobres. Hoy, el 80 por ciento del PIB está en manos de dieciséis grupos económicos, mientras para los más pobres hay enormes carencias en servicios vitales como el de la salud y el agua potable. Incluso, una de las más graves injusticias que puso en evidencia la catástrofe del pasado 27 de febrero fue la existencia de unas normas de ética para la construcción de viviendas para los ricos y otras distintas para las de los pobres.

Lo peor del anterior cuadro es que con el arribo de Sebastián Piñera a la presidencia de Chile no se avizora ningún cambio esperanzador. No en balde, al igual que ocurre en Colombia, los verdaderos dueños del país, a través de esos maquilladores de las desgracias populares que son sus propios grandes medios de comunicación, embellecieron sus propuestas e indujeron a los chilenos a respaldarlo, pues era la mejor opción de defensa de sus privilegios oligárquicos.

Lo anterior pone de presente la necesidad de que haya una regulación garantista del apego de tales medios a la verdad y de su sometimiento al interés público; de lo contrario, continuarán siendo ellos los que sigan señalando el derrotero a nuestros países. Pero igualmente, seguirán siendo uno de los primerísimos obstáculos en el propósito de avance hacia aspectos tan importantes como la mejor distribución de la riqueza y la elevación de la calidad de vida de nuestros pueblos.

jueves, 1 de julio de 2010

EL CASO CEPEDA: UNA LECCIÓN SIN APRENDICES

Por Rodrigo López Oviedo

Casi desapercibida pasó la condena hecha al Estado colombiano por el asesinato del senador de la República Manuel Cepeda Vargas, ocurrido el nueve de agosto de 1994, y con el cual se dio continuidad al más siniestro programa institucional que condujo al exterminio de la Unión Patriótica.

Lo deseable hubiera sido que fuera la justicia colombiana la que llegara a tan dramático reconocimiento. Desafortunadamente, el cúmulo de intereses que se entrecruzaron para torcer los hilos de la investigación arrojaron sus frutos, y tuvieron que ser las personas más cercanas al inmolado líder, las organizaciones de Derechos Humanos, las asociaciones de víctimas de la violencia y muchas otras de parecido carácter las que con sus valerosas gestiones evitaran que este crimen, como tantos otros, quedara en la impunidad. Finalmente fue la Corte Interamericana de Derechos Humanos la que, con el cúmulo de pruebas presentadas, sentenció que la ejecución fue propiciada, o al menos permitida, por el Estado Colombiano al no adoptar las necesarias medidas de protección a un hombre al que se le sabía perseguido por su compromiso revolucionario.

El fallo rechazó la tesis gubernamental de que fueron las mafias del narcotráfico las causantes del asesinato, en lo cual coincidió con muchas organizaciones de derechos humanos que ven la mano del Estado en el genocidio que desapareció a la UP. Allí quedó claro que hubo una alianza nefasta entre paramilitares y miembros del Ejército, aunque lo que está por dilucidar aún es de quién provenían las órdenes que recibían quienes tan aviesamente actuaban. Muy seguramente que de los mismos que impidieron mediante triquiñuelas inverosímiles que fuera la justicia colombiana la que llegara al fin de las investigaciones y produjera su condena.

Ahora tendrá el Estado que indemnizar a los familiares de Manuel Cepeda, investigar a fondo los hechos, castigar a los responsables y “hacer un acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional y realizar y difundir una publicación y un documental audiovisual sobre la vida política, periodística y rol político del senador Cepeda”.

Lo más curioso es que, pese a la contundencia del fallo, el Gobierno aún esté negando que el crimen haya sido parte de una política de Estado y que los siniestros voceros de tan oscuro pasado continúen utilizando su presente poder para presionar cambios que lesionan aún más nuestra maltrecha justicia. Tales son los propósitos de las reclamaciones sobre el supuesto irrespeto al fuero militar, los continuos arrebatos pasionales de Uribe contra jueces, fiscales y magistrados y la propuesta de que la fiscalía dependa del ejecutivo.

En definitiva, el caso Cepeda es una valiosa lección que no contará con aplicados aprendices.

lunes, 21 de junio de 2010

UN DISCURSO PARA LA GAVETA

Por Rodrigo López Oviedo

Colombia ha sido desde siempre una finca grande con 100 dueños y mil mayorales. Todos ellos han aprovechado su bicentenario reinado para hacerse merecedores al nada enorgullecedor privilegio de ser la casta oligárquica que más ha logrado separarse de los pobres dentro de la escala de las desigualdades sociales. El triunfo de Juan Manuel Santos es la notificación de que seguiremos igual, aunque algunos, por su discurso de este domingo, han comenzado a soñar con un cambio de estilo en la conducción del país, pues parece que ya no les satisface el que alabaron en Uribe cuando este parecía eterno en sus posibilidades de mando.

Efectivamente, en el discurso del electo Santos, hemos encontrado algunos elementos que marcan diferencia con el estilo pendenciero, egocéntrico y marrullero de Uribe. Invocaciones a la unidad nacional, al respeto a la institucionalidad y al buen gobierno hubiera sido imposible oírlas del actual Mandatario, como también inaudibles de él los propósitos de gobernar sin clientelismo ni corrupción. Santos las pronunció y, según algunos, eso le da derecho a un compás de espera.

También anunció querer normalizar las relaciones con nuestros vecinos, no obstante haber sido él el gestor de las agresiones a Ecuador, Venezuela y Nicaragua, y algunos piensan que vale la pena aceptarle esa promesa como si hubiera nacido de un remordimiento.

Le hemos escuchado su repetida promesa de crear dos millones y medio de empleos y formalizar 500 mil más y su compromiso de atacar la pobreza. En estas promesas y compromisos ha coincidido con muchos mandatarios, pero de ninguno de ellos hemos visto resultados que no sean, por el contrario, favorables a su clase social. Santos, como miembro sobresaliente de esa clase, ha tenido oportunidad de influir para que la pobreza no sea tanta ni tan ensañador el desempleo, pero muy pocos han sido los esfuerzos que se le han visto. Algunos creen que ahora sí se comprometerá en tales logros.

Por este discurso, muchos quisieran creer que Santos intentará salirse de la que ha sido la tradicional actitud de las clases dominantes (siempre reacias a aceptar cualquier cosa que implique reducción de sus ganancias), o que estas clases han comenzado a percibir la necesidad de un cambio ante el peligroso estado de soledad en que se han venido quedando, y que se evidencia en unos índices de abstención que el domingo bordearon el 56 por ciento. Por desgracia, los indicios mayores, que son precisamente los que pueden deducirse de la larga vida pública del electo Presidente y de la conducta de los 100 propietarios y los mil mayorales, hacen pensar que todo ello es vana ilusión.

lunes, 14 de junio de 2010

DOS GALLINITAS PELIGROSAS

Por Rodrigo López Oviedo

Resulta preocupante que el país no solo asista indiferente al bochornoso espectáculo de un Presidente armado de improperios contra las cortes, los jueces y su más importantes fallos, especialmente si afectan a sus íntimos, sino también que abandone toda vergüenza y se apreste a elegirle a una de las dos gallinitas que se pelean el honor de cuidarle sus tres huevitos.

Escudando sus miedos a las cortes internacionales en arrebatos retóricos y aprovechándose de su popularidad, al Presidente lo hemos visto denostar ante casos como el de Jorge Noguera, encarcelado por paramilitarismo, Sabas Pretelt, llamado a juicio por cohecho, y Mario Uribe, procesado por parapolítica. En todos ellos, y en mucho más, ha utilizado los peores términos contra la justicia, e incluso contra personalidades como el premio Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, a quien calificó de idiota útil por referirse a su hermano, Santiago Uribe, cuestionado por paramilitarismo.

No hace mucho, la jueza 52 Penal de Bogotá, doctora Jenny Jiménez, profirió condena contra Mario Aranguren, ex director de la Unidad de Investigación y Análisis Financiero, y eso le valió la descalificación presidencial en términos de tan peligroso calibre que la rama jurisdiccional se sintió obligada a realizar un paro en reclamo de protección para su vida.

Otro parecido pronunciamiento presidencial se presentó cuando la jueza Estela Jara condenó a 30 años de prisión al coronel en retiro Luis Alfonso Plazas Vega por el caso de los once ciudadanos desaparecidos en la retoma del Palacio de Justicia en 1985, al tiempo que ordenó compulsar copias para abrir investigación por los mismos hechos contra el ex presidente Belisario Betancur y la línea de mando de las Fuerzas Armadas, la Policía y los organismos de seguridad de entonces.

Todos estos peligrosos señalamientos deberían resultarnos odiosos y sin embargo parecen no afectarnos, como parece no afectarnos el gran riesgo que hay en la propuesta de Uribe, expresada por Juan Manuel Santos, para que la Fiscalía General de la Nación dependa directamente del Presidente de la República. Cuando tal cosa ocurra, muy seguramente no serán necesarias las presiones y amenazas de que han sido objeto fiscales y jueces ni habrá lugar para las protestas gubernamentales ante los fallos judiciales; pero desaparecerá todo asomo de justicia para los colombianos y reinará la impunidad, especialmente para esa bochornosa modalidad delincuencial denominada crímenes de Estado.

Y lo peor es que, en su emulación con Juan Manuel Santos, Antanas Mockus quiera hacerse eco de esa propuesta para redondear sus evidencias de apego al ideario de Uribe. Ello sería la prueba de que, al igual que Juan Manuel, Antanas no es más que otra gallinita peligrosa.

lunes, 31 de mayo de 2010

¡BIEN POR PETRO!

Por Rodrigo López Oviedo
Aunque no quedamos satisfechos con los resultados electorales del pasado domingo, no podemos menos que sentir orgullo por el papel que jugó nuestro candidato Gustavo Petro Urrugo. Su discurso sencillo, franco, sereno y persuasivo, sazonado en toda una vida de entrega a la causa de los más humildes, logró infundirnos confianza a más de un millón trescientos mil colombianos que por años y años, cuatrienios y cuatrienios, hemos venido esperando que se acabe tanta pobreza como la que hemos soportado, tanta represión como la que hemos sufrido, tanta conculcación de derechos y tanto naufragar en el engaño de las promesas de cada campaña y el incumplimiento de los correspondientes gobiernos.

Los dueños del establecimiento veían en Petro al único y auténtico intérprete de las inmensas mayorías y tenían que atravesarle un contradictor que sin estar comprometido en los altísimos grados de corrupción del Gobierno, en sus nexos con las mafias, en los perdones y traiciones a los paras, en la persecución a los opositores y la conversión del aparato de Estado en un estercolero, entre muchos hechos adversos al Gobierno, no le ofreciera ningún apuro al candidato oficial, Juan Manuel Santos, ni peligro de cambio al modelo económico vigente o riesgo a la libertad de algunos cuantos personeros del régimen que sueñan con no caer en manos de las cortes internacionales.

Ese fue el papel que jugó Mockus en la contienda. Para su infortunio, el anhelado paso a la segunda vuelta no sucedió de manera tan auspiciosa como se lo prometían las sesgadas encuestas, y esto da para que saquemos una gran conclusión: No hay tal que las clases dominantes estén dispuestas a poner al servicio de la ciudadanía unas herramientas tan importantes como las estadísticas para que podamos orientarnos con certeza en los enmarañados vericuetos electorales. Siempre lo harán deformando los resultados para que terminemos haciendo lo menos conveniente. En este caso, nos pusieron a votar por Mockus para que supuestamente no ganara Santos cuando lo que no querían era el triunfo de Petro.

Lo que sigue ahora para Petro y su partido, el Polo Democrático Alternativo, es examinar con cuidado el camino a seguir. Si bien una presidencia de Mockus no representa mucho avance con relación a lo que tuvimos en estos ocho años con Uribe, la presidencia de Juan Manuel Santos nos haría herederos de lo peor de esos dos cuatrienios, adobado con los propios menjurjes del santismo.

La otra opción es la del voto en blanco, a la cual podríamos acudir si no vemos interés del matemático en asumir algunos compromisos de carácter popular.

El Polo encontrará la decisión que resulte más conveniente.

¡POR PETRO... CON FERVOR!

Por Rodrigo López Oviedo

Estando a escasos cinco días de la primera vuelta de esta campaña por la Presidencia de la República, resulta innecesario decir que todos los colombianos vamos a sacar lo mejor de nuestro espíritu ciudadano, democrático y patriótico y a exaltar en tal jornada los altos valores de nuestra colombianidad. En lo íntimo de cada compatriota bulle un ser que ama la paz, que disfruta de la alegría y que hace de la felicidad su más anhelado propósito, aunque es gobernado por hombres enfermos de poder y de riqueza, capaces de acudir a los peores métodos con tal de poder saciar sus apetitos.

A ese colombiano de bien, pacífico, alegre y que generosamente busca la felicidad de todos, quiero invitarlo a que vote este domingo de acuerdo con sus convicciones personales, sin dejarse manipular por quienes sugieren que en la primera vuelta hay que votar por A para que no gane B. Esos manipuladores le están ocultando que las tendencias señalan como inexorable la realización de una segunda vuelta y que, si se desmonta el engaño, a esa segunda vuelta puede llegar el candidato que preferiríamos ver con las riendas del poder en sus manos.

Pero también invito a votar contra los cantos de sirena de quienes hoy prometen lo que han podido hacer y no han hecho en muchos años de presencia directa o indirecta en las instancias directivas del Estado y que, como se saben carentes de respaldo, combinan la demagogia con el tráfico de tamales, de becas, de puestos y de contratos para que con nuestro voto les endosemos las decisiones que nos afectarán a todos en los próximos cuatro años.

Personalmente votaré por Gustavo Petro Urrego, candidato del Polo Democrático Alternativo. Ningún candidato representa como él la esencia de lo que somos los hombres del común, pues al igual que la ya gran mayoría de los colombianos ha conocido la pobreza. Petro nació bajo techo de paja y ha vivido entre los más humildes; ha hecho cola en los dispensarios de salud pública, se ha educado en escuela y colegio públicos y si se ha podido profesionalizar en universidades privadas ha sido gracias a becas obtenidas por sus sobresalientes desempeños académicos.

Tales características han hecho de Gustavo Petro un hombre íntegro, consagrado a la defensa de los humildes y valiente en la denuncia de las mafias que se han enquistado en el poder, lo cual le ha valido el reconocimiento de las masas, que salimos agradecidas a demostrárselo en los multitudinarios actos de cierre y a aplaudirle su programa, tan distinto al de los candidatos oligárquicos. En las urnas le ratificaremos ese fervor.

lunes, 17 de mayo de 2010

PETRO ES LA OPCIÓN DE TRIUNFO

Por Rodrigo López Oviedo

El Polo Democrático Alternativo no cupo en la Plazoleta Darío Echandía el pasado 15 de mayo. Tampoco cupo en el corazón de sus militantes el entusiasmo que despertó la visita de su candidato, Gustavo Petro Urrego. Para quienes tuvimos la fortuna de estar en tan importante evento, arropados con las banderas del Partido en alto y los vivas fervorosos de los asistentes, esta visita nos ha confirmado en la sospecha de que los resultados electorales del 30 de mayo serán celebrados por unos invitados muy distintos a los que anuncian las campañas mediáticas.

Se trata, por supuesto, de una sospecha justificada. Casi todos los comentarios posteriores a los debates televisivos han calificado de sobresaliente al candidato del Polo, y eso tenía que traducirse en muestras de aceptación como las que viene recibiendo en las concentraciones públicas. No siendo el sentimiento de los ibaguereños la excepción, el recibimiento aquí prodigado fue emocionante. A cual más trataba de hacerse notar, así fuera para lograr del candidato una sonrisa, cuando no un apretón de manos. Todo era un frenesí que servía de preludio a la llegada de un espectáculo de la inteligencia en el que brillarían Olga Beatriz González, gerenta de la campaña, los senadores Guillermo Alfonso Jaramillo y Jorge Enrique Robledo y, por supuesto, Gustavo Petro. Las palabras de unos y otros pondrían el acento en aquellos aspectos que les merecieran particular interés, pero todos coincidirían en señalar que Petro representa la única opción popular, ya que solo él puede garantizar que sus anuncios de campaña correspondan a las realizaciones de lo que será su mandato presidencial.

Y Gustavo Petro no se quedó atrás. Puesto en tribuna, vimos cómo su reconocida lucidez intelectual se acrecentaba bajo el embrujo de la envolvente pasión popular y se transformaba en un turbión discursivo que arrasaba argumentos oligárquicos al tiempo que reiteraba sus denuncias, como aquella de cuando, aún niño, vio a las oligarquías birlar un triunfo electoral de la oposición para garantizarse, con Misael Pastrana, la continuidad en el manejo de las riendas estatales. En ese entonces, Petro juró orientar todos sus esfuerzos a relevar del poder a quienes tan reprobablemente tuercen la voluntad de un pueblo. Desde ese entonces, ha venido luchando por cambios profundos en el manejo de nuestra sociedad. Desde ese entonces, no ha desperdiciado ni un esfuerzo en labores que no tengan que ver con el propósito de elevar la felicidad de los colombianos. Por todo ello, las plazas públicas le vienen quedando pequeñas al entusiasmo que el pueblo quiere prodigarle, y por todo ello, este 30 de mayo estaremos con él en la celebración.

lunes, 10 de mayo de 2010

CONTRA LOS ABUSOS EN EL IMPUESTO PREDIAL

Por Rodrigo López Oviedo

Ciegos ante los mil desastres causados por unas oligarquías que vorazmente se han apropiado de las riendas del Estado para procurarse cada vez mayores riquezas, el Concejo de Ibagué y la Administración Municipal se dejaron venir contra la ciudadanía con un tan exorbitante incremento del avalúo catastral que en algunos casos alcanzó el 100, el 200 y hasta el mil por ciento con respecto a los avalúos vigentes en 2009.

El avalúo catastral es la base de uno de los impuestos más injustos que existen: el impuesto predial. Este grava el derecho a tener un rincón en la tierra sobre el cual vivir, con el agravante de que su casi inexistente progresividad lo hace particularmente pernicioso para los ciudadanos más humildes, incluidos los arrendatarios, pues finalmente serán estos los que tendrán que sufrir su peso cuando los arrendadores lo descarguen sobre ellos.


Pero para el caso de Ibagué, el impuesto, además de injusto, resulta ilegal. Tiene por base un avalúo en cuya formulación se cometieron errores que comprometen no solo a la Administración actual, sino también a la del hoy electo representante a la Cámara Rubén Darío Rodríguez Góngora. Según lo dice la Defensoría del Pueblo en la acción popular que interpuso para lograr la anulación del cobro, el avalúo catastral, que debe actualizarse cada cinco años, llevaba siete años sin tal actualización; y la que este año se hizo no atendió formalidades y exigencias tan imperativas como la de informarles a los afectados que el proceso estaba en curso y la de notificarles su resultado una vez conocido. La ciudadanía solo se enteró de todo ello cuando les llegó la factura.

Afortunadamente, ya la ciudadanía está en movimiento. El pasado 26 de marzo se conformó la Veeduría Ciudadana y los resultados comienzan a verse. Esta Veeduría revisó el convenio interadministrativo que dio lugar a los reavalúos, valoró los procedimientos desarrollados y ha venido advirtiendo sobre las anomalías encontradas. Pero lo más importante es que está conciente de la importancia del respaldo ciudadano para lograr su cometido. Por eso convocó para este miércoles 12 de mayo, a las cinco PM, a todos los líderes comunales, sindicales, cívicos y populares a una gran reunión que se realizará en la carrera 1ª No 11-89, en la cual se precisarán las acciones a realizar en procura de evitar que se consolide este abuso. Se requiere de la asistencia de todas las personas que cuentan con algún grado de representatividad en las distintas organizaciones de Ibagué, pues de lo nutrida que resulte esta reunión dependerán la contundencia y los resultados de la lucha que se viene librando.

lunes, 3 de mayo de 2010

LOS NUEVOS MESÍAS

Por Rodrigo López Oviedo
El proceso electoral en curso está dejando al desnudo el alma de los candidatos uribistas. Puede que alguno de ellos logre mover con engaños a una franja suficiente del electorado y quedarse con el preciado solio presidencial, pero tarde o temprano quedarán al descubierto sus cartas marcadas, las mismas que han usado otros candidatos de igual origen oligárquico en similares eventos anteriores.

A diferencia de las anteriores campañas presidenciales, la que está en curso se ha caracterizado por tener en su desarrollo la mayor participación de las cadenas de televisión y, especialmente, de los periodistas ligados a tales medios. Esto ha forzado a los candidatos, algunas veces, a sincerar su juicio respecto de los problemas más importantes de la nación. Lo curioso es que, para tales candidatos, esos problemas parecían no existir cuando el Polo Democrático Alternativo los denunciaba desde el Congreso. Por ese entonces, sordos a los reclamos de la oposición, se dedicaban a quemarle incienso al Presidente, en quien veían a una figura providencial, muy digna de estar por lo menos 12 años en el Palacio de Nariño.

Uno termina preguntándose: Si el pensamiento que estos personajes expresan en campaña es el mismo que siempre tuvieron, ¿por qué nunca exigieron soluciones a esos problemas y, en lugar de ello, se mantuvieron fieles a la defensa de un Uribe que siempre se negó a reconocerles existencia? ¿Por qué ahora no asumen un papel más consecuente y presentan un programa de gobierno que lleve a la solución definitiva de esos males? ¿Por qué, como correlato de lo anterior, no se comprometen, por ejemplo, a eliminar la ley 789, causante de la precarización del contrato laboral y a derogar la Ley 100, generadora del colapso en la salud? ¿Por qué no se comprometen a devolverle a la educación y a la salud los recursos arrebatados mediante el recorte a las transferencias? ¿Por qué no se comprometen a devolvernos capacidad de compra a los colombianos para que podamos estimular el crecimiento económico? ¿Por qué no se comprometen a desatar los nudos que ligan al establecimiento con las mafias? ¿Por qué no se comprometen con las víctimas de la violencia para que puedan alcanzar una justa reparación?

Por supuesto que los anteriores interrogantes no encontrarán respuesta entre quienes hoy están simulando ser los llamados a resolver los graves problemas del país. Las soluciones solo pueden provenir de un pueblo en acción, organizado en torno a sus intereses y dispuesto a aprovechar coyunturas como la de las actuales elecciones, en la que organizaciones como el Polo Democrático Alternativo y personalidades como su candidato, Gustavo Petro, pueden contribuir a iluminar el camino.

lunes, 26 de abril de 2010

EL VOTO ÚTIL

Por Rodrigo López Oviedo

Al igual que en todas las elecciones presidenciales anteriores, ya comienzan a percibirse los esfuerzos de las oligarquías para que los ciudadanos nos olvidemos de nuestros problemas e intereses reales y nos concentremos en lo que podría ser el resultado final de un proceso respecto del cual ya ellas han escogido a los supuestos finalistas.

La estrategia siempre ha sido la misma: armar un tinglado supuestamente democrático, en el cual nos recomiendan jugar sin el riesgo de desperdiciar el voto en respaldos que de antemano ellos consideran perdedores. Actuando de esa manera, nos aseguran, levantaremos la copa de los vencedores, no importa que lo que venga después sean otros cuatro años con las mismas pócimas anteriormente servidas, gracias a las cuales hemos terminado cada vez más pobres, mas sojuzgados, menos soberanos.

En los inicios de la presente campaña presidencial, cuando las cuentas daban para reconocer que podría venir una disputa más o menos equilibrada entre algunos de los candidatos, los grandes medios comenzaron a acentuar sus preferencias por Santos y Noemí, los más cercanos al corazón de los verdaderos dueños del país. No contaban con que la bandera azul se encontraba dividida en dos facciones a la postre irreconciliables, mientras que la de los verdes solo precisaba para robustecerse del respaldo de alguien que ya había estado bajo esa sombra, Sergio Fajardo, y quien para volver a ella tenía suficiente con que se le ofreciera ser compañía de fórmula de Antanas Mockus.

Mockus y Fajardo jamás han ofrecido temores al establecimiento, pues solo han izado banderas neoliberales. Y así como jamás han defendido propuestas que vayan orientadas a resolver los problemas de las grandes mayorías, tampoco han manifestado estar dispuestos a afectar, de ser necesario, los intereses de banqueros, grandes monopolios, latifundistas o transnacionales. Dicho de otra manera, los dueños del país no se sentirían mal bajo un gobierno de esta pareja, en la que ven simplemente una fórmula honesta y transparente.

Pero nuestro país necesita de mucho más. Necesita democracia real, equidad, derechos humanos, inversión transparente y social de los recursos públicos, soberanía, integración con nuestros vecinos latinoamericanos y caribeños y tantas otras banderas como son las que tienen comprometido al Polo Democrático Alternativo con los colombianos. Solo en torno a propósitos como estos resultan útiles los esfuerzos que podamos hacer, no importa que se manifiesten en el campo electoral, sindical, comunal o popular en general, pues lo demás es seguir por los mismos caminos trillados de siempre, que han sido los trazados por nuestras oligarquías. Como bien lo dice el maestro Carlos Gaviria Díaz: “No es posible alardear de ético pero desentendido de la justicia.”

martes, 20 de abril de 2010

LAS MUECAS DEL FASCISMO

Por Rodrigo López Oviedo

Ya a punto de salir del oscuro túnel en que estuvimos por gracia del presidente Uribe, han comenzado a verse más claros los muchos desaciertos del Gobierno, sus atropellos a la democracia, su utilización ilícita de los instrumentos estatales, entre ellos el DAS y la fuerza pública, sus planes para sacar del escenario a la oposición, en fin, la conversión de la nación en un estercolero solo bueno para las oligarquías y sus aliados del Imperio.

La investigación de las interceptaciones telefónicas realizadas por el DAS puso en claro que para dar con todos los culpables había que indagar en Casa de Nariño. La investigación de las trapisondas de la segunda reelección mostró un cúmulo de irregularidades que no se habrían presentado si hubiéramos tenido un gobierno inspirado en ideales democráticos, y no en el maquiavélico principio del fin justificando los medios. Y si a lo anterior agregáramos los torcidos de la primera reelección, el cuadro parecería completo, a no ser por el "crimen monstruoso" y el "plan de un organismo del Estado para acabar con el país" que reveló el periodista Juan Gossaín con vistas en un documento decomisado al DAS dentro de las investigaciones que le sigue la Fiscalía a este organismo por las interceptaciones telefónicas.

Juan Gossaín, conocido director de noticias de RCN y comprometido para nada con ideales de izquierda, en su editorial radioperiodístico del 15 de abril, dio a conocer seis de las 166 páginas del mencionado documento. Ellas parecen ser la prueba reina de lo dicho muchas veces por la izquierda y denunciado por Gustavo Petro: Que los órganos de seguridad del Estado, de los cuales el DAS es parte principalísima y Uribe su jefe, han montado una guerra sucia contra los líderes y organizaciones más importantes de la izquierda y el movimiento democrático con el fin de desprestigiarlos, reducir su ascendiente ante las masas e incluso desaparecerlos. Actuando en tan criminal empeño, el DAS ha llegado incluso a prefabricar pruebas que demostrarían supuestos vínculos de estas personalidades y movimientos con organizaciones ilegales y gobiernos desafectos a Uribe. Lo peor es que, según los documentos presentados por Gossaín en su editorial, el DAS contaba con la orientación de desarrollar actividades proselitistas de primario anticomunismo, ya vistas en Uribe, y promover acciones de sabotaje y terrorismo.

Siendo el DAS un organismo que depende directamente del Presidente de la República, estas pruebas inducen a creer en lo cerca que están de la verdad quienes han visto las muecas del fascismo en la cara de Uribe. Ojalá que en la próxima toma de posesión presidencial no veamos las mismas muecas en otro rostro.

lunes, 12 de abril de 2010

EL FIN DE LAS COMPLICIDADES

Por Rodrigo López Oviedo

El tupido nudo de incondicionales que rodea a Uribe no parece tener una característica que lo defina mejor que el de la complicidad interesada. Así quedó demostrado con la santa alianza que formaron en torno a los ministros Sabas Pretelt de la Vega y Diego Palacio cuando éstos fueron denunciados por prácticas de cohecho para lograr la aprobación del Acto Legislativo que autorizó la primera reelección presidencial. Quedó demostrado también con los múltiples entrecruces de respaldos ilícitos que surgieron ante la necesidad de sacar adelante la segunda reelección. Y quedó demostrado, en general, cada vez que el Jefe de Estado demandó a sus hombres el respaldo para sus iniciativas, así existiera el temor de que esos respaldos vinieran seguidos de investigaciones judiciales; al fin de cuentas, el aparato judicial no daba indicios de tener mucha independencia, y más bien sí de estar mediatizado por el propio Presidente, como lo dejaron entrever los fiscales Luis Camilo Osorio y Mario Iguarán.


El problema de las complicidades interesadas es que se rompen cuando los integrantes dejan de ver representados en ellas sus propios intereses, y se restablecen a impulso de los mismos intereses. Esto fue lo que percibimos durante la semana pasada, cuando los nuevos aires que se respiran en la Fiscalía nos dejaron descubrir cómo los más altos funcionarios de la Casa de Nariño habían convertido la sede presidencial en cueva de Rolando, desde donde orientaban la más escabrosa “empresa criminal” dirigida a desarrollar las delictivas prácticas de las interceptaciones telefónicas a todo el que diera señales de tener ideas diferentes a las del régimen, así fuera magistrado de las Altas Cortes.

Las respuestas de los altos cuadros del uribismo, pero más concretamente las de quienes fungen como sus candidatos a la presidencia de la República, no se hicieron esperar. Ellos no sabían nada, todo fue a sus espaldas, y esas prácticas, que desde ya repudian, en sus gobiernos no podrán volverse a presentar. Mientras tanto, Uribe y sus cómplices directamente implicados que se defiendan como puedan.

La pregunta obligada es: ¿Estaremos los colombianos dispuestos a permitir que estas complicidades, hoy rotas de palabra, se restablezcan con el acceso a Casa de Nariño de los mismos que las han usufructuado de acuerdo a sus conveniencias?

Hay suficientes razones para invocar un cambio en el manejo de la nación, lo cual implica un relevo político, pero ninguna más objetiva que cualquiera de las que nos están dando los jueces con sus fallos. Qué ojalá las transformemos este 30 de mayo en una decisión en las urnas que cuatro años más adelante nos haga sentir con orgullo que acertamos.

lunes, 5 de abril de 2010

Y AHORA, EL INTERCAMBIO HUMANITARIO

Por Rodrigo López Oviedo

Las liberaciones de Josué Daniel Calvo y Pablo Emilio Moncayo parecen ser el capítulo final de las devoluciones unilaterales en que se hallaban comprometidas las FARC, y con las cuales buscaban ganarle simpatía ciudadana a otras liberaciones, solo que ya no únicamente de soldados y policías, sino también de los guerrilleros que están purgando penas por rebelión y delitos conexos.

Gestos como el de estas liberaciones deberían ser recibidos con desprendimiento, aún más si vinieron con una propuesta de intercambio humanitario que ya no contiene condicionantes de tan ácido rechazo en el Gobierno, como el de la zona de despeje, y acompañados de una solicitud de la senadora Piedad Córdoba al Gobierno nacional para que este presente un borrador de propuesta de intercambio humanitario que contemple como único requisito la exclusiva condición que están poniendo las propias FARC: una mediación internacional.

Tanto la propuesta como la solicitud valen un Potosí, y no únicamente para las 21 personas que todavía están retenidas y sus familias. Lo valen si consideramos que pueden acercarnos a la anhelada paz, sin la cual es imposible recuperar para la vida y el desarrollo social los ingentes recursos humanos, materiales y económicos que se están desperdiciando en la guerra.

El problema radica en cómo aprovechar la propuesta y la solicitud desde la sociedad civil, pues con el gobierno de Uribe a todo lo que se ha llegado es a un sí tan cargado de reticencias que más parece una enfática confirmación de las tantas negativas de intercambio que han salido de sus labios. Al fin de cuentas, él es el representante de los sectores que están más en la derecha del espectro político nacional, por los cuales no solo profesa la más extrema obsecuencia, sino que con ellos está comprometido a preservar la guerra, que es a lo máximo que puede llegar con su empeño de aniquilar a una fuerza insurgente que ha sorteado, ya por 46 años, las más extremas condiciones de existencia, los más descomunales embates y una que otra traición o infiltración, todo ello sin claudicar en el propósito de alcanzar a través de las armas las transformaciones sociales que otros también quisiéramos para Colombia, aunque por otros métodos.

Los próximos comicios presidenciales son la mejor oportunidad para que los colombianos podamos respaldar masivamente estas iniciativas para la paz con justicia social. El Polo Democrático Alternativo es el más comprometido en reivindicar esta opción, según lo decidido en dos congresos partidarios. Su candidato, Gustavo Petro, debe ajustarse a tales decisiones y en torno a ellas buscar el apoyo de la ciudadanía. Otras opciones serán las mismas de la guerra.

miércoles, 31 de marzo de 2010

LA ESTRATEGIA TERRORISTA

Por Rodrigo López Oviedo

Varias son las reflexiones que dejan actos terroristas como el ocurrido hace poco en Buenaventura. En primer lugar, no es posible que sus autores hayan estado buscando algún objetivo concreto al provocar tan dantescos dramas. Si algo debe ser claro para cualquier persona sensata es que con ese tipo de actos no es posible alcanzar reivindicación alguna y, ni siquiera, acercar a contrarios en pugna, sobre todo porque no son los contrarios los que resultan directamente afectados: son decenas de inocentes los que tendrán que pagar las consecuencias con su ruina personal y familiar.

En segundo lugar, tampoco es claro que hayan sido la manifestación de una alianza entre narcoguerrillas y traficantes de drogas, pues si algo se requiere para que prospere el negocio que se quiere impulsar con tan aviesos acuerdos es pasar desapercibidos ante las autoridades para evitar su reacción. Igual podríamos decir ante la afirmación de que estos actos terroristas se originan en la disputa de territorios o corredores para el negocio ilícito de las mismas bandas. Los generales que tales cosas afirman deberían preguntarse en qué forma fortalecen las bombas las tales alianzas o cómo quedaron dirimidas las superioridades entre las dichas narcoguerrillas y los carteles de la droga que de manera tan sistemática se preocupan los mismos generales de la República por relacionar, tal vez para incentivar ánimos adversos a los acuerdos de paz.

Sea cual sea el origen de estos lamentables ipisodios, tan lamentables como que siguen ocurriendo después de ocho años de la tan cacareada seguridad democrática del presidente Uribe, no podemos menos que rechazar su ocurrencia. Lo único que han dejado es ruina para muchos colombianos sin que se sepa el propósito de sus autores, que parecer creer ver en cada esquina a los responsables de sus males o al objeto de sus malquerencias.

Para quienes profesamos ideas de cambios revolucionarios resulta claro que las anheladas transformaciones sociales solo puede alcanzarlas un pueblo en movimiento, sabiamente orientado por una interpretación cabal de sus verdaderas necesidades, conciente de los alcances y potencialidades de su lucha y organizado en torno a un Partido que pueda conducirlo a esos estadios de progreso que le han sido negados por los partidos del gran capital. 

El terror, por el contrario, solo sirve para confundir, para hacer creer que los cambios sociales pueden venir de hechos heroicos, de aventuras gratuitas para las masas, de dejar hacer y dejar pasar sin comprometer ningún esfuerzo personal ni colectivo en la tarea. Ese terror, finalmente solo dejará el ambiente propicio para la cacería de brujas y la desarticulación de las organizaciones populares.    

lunes, 22 de marzo de 2010

ALTERNATIVA AL DESASTRE

Por Rodrigo López Oviedo

Conociendo, ahora sí, la composición del nuevo Congreso y el listado de aspirantes al solio presidencial, el país se dispone a elegirle el relevo al presidente Uribe. Se trata, por cierto, del fin de un proceso iniciado hace dos años por un candidato que, apertrechado en el poder, buscó por malas artes, y sin reconocerlo, agregarnos otros cuatro años a los ocho de disfrute masoquista que estábamos viviendo con él.

Con los datos conocidos, es claro que tendremos segunda vuelta y que llegar a ella no será fácil para ninguno de los siete aspirantes. Pero es más claro aún que los intereses en pugna solo hacen real la existencia de dos opciones: el continuismo representado en Noemí Sanín, Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, o el cambio de rumbo que preconizan los sectores más esclarecidos del Polo, que es el que están obligados a impulsar, sin ambages, el Polo íntegro, el liberalismo y los amorfos del Verde y de Fajardo.

Tal vez las mejores posibilidades de pasar a la segunda vuelta sean las de Juan Manuel Santos. Sin embargo, el haberle quedado el Partido Conservador tan cerca en los resultados hace que Noemí, la candidata de esta colectividad, le pueda plantear una puja de tan mayúsculas proporciones que la haga llegar también a la tan anhelada meta o abrirle a la opción de cambio la posibilidad de hacerlo, bien con ella, o bien con Juan Manuel.

Pero para que quienes comandan esa opción de cambios democráticos puedan tener esa posibilidad, están obligados a replantear, y rápido, las tácticas y estrategias que tenían previstas desde antes de saber que las pasadas elecciones bendecirían a todos los partidos con tan solo 11 millones 566 mil votos, pues se abstendrían 14 millones 45 mil ciudadanos, 506 mil votarían en blanco, 504 mil no marcarían su voto y un millón 496 mil lo anularían.

Estos 16 millones 551 mil colombianos representan una inmensa veta electoral que hace también inmensas las posibilidades de cerrarle el paso al continuismo, pero que solo podrán concretarse sobre la base de un gran acuerdo nacional que aglutine a quienes estén de cuerdo en salvaguardar banderas que resultan inclaudicables para el movimiento democrático, como son la paz con justicia social, las libertades políticas y de organización sindical y popular, el castigo ejemplar al terrorismo de Estado, la erradicación de la corrupción, la reparación a las víctimas de la violencia, la lucha contra la pobreza y la aplicación de los derechos consagrados en la Constitución del 91, entre otros.

A la tarea de lograr semejante acuerdo debe ponerse la Dirección Nacional del Polo. Sus bases, a respaldarlo.

lunes, 8 de marzo de 2010

CON PETRO, RAMÍREZ, LOMBANA Y PIÑACUÉ

Por Rodrigo López Oviedo

La historia dirá del presidente Uribe que en sus manos colapsó el país. Como lo atestiguan la salud, la educación, el salario y el empleo, durante sus dos gobiernos colapsaron los más importantes derechos ciudadanos, al tiempo que sobre lo poco que nos quedaba de democracia se acentuó el dominio de las mafias, la corrupción y la politiquería. Murió el derecho a la vida y de los derechos humanos solo nos quedaron guiñapos. El colapso fue generalizado, aunque bien disimulado por las candilejas de los grandes medios, que lograron impedir que también colapsara la imagen presidencial. Sólo a Juan Manuel Santos, y a dos o tres apéndices más del uribismo, se les puede ocurrir que salir a recuperar tan importantes derechos es retroceder.

Por fortuna, no colapsaron las Cortes, como lo demuestra otro colapso, del que debemos alegrarnos: el colapso de la reelección, el cual vendrá acompañado de desajustes en los partidos del Presidente y de inmensas posibilidades para el Polo en las elecciones en curso.

El Polo debe aprovechar que los desaciertos del uribismo se notarán más ahora sin el efecto teflón del Jefe. A Santos será más fácil reconocerlo en los falsos positivos; a Uribito, en Carimagua y Agro Ingreso Seguro; a Vargas Lleras, en su uribismo inconsistente; a Noemí, en su consistente transfuguismo, y a todos, en la defensa de la emergencia social. El Polo, por el contrario, puede ofrecer el mejor cuadro de hombres y mujeres capaces de demostrar que a lo largo de su vida han estado del lado de los más necesitados de la sociedad.

En lo personal, mis preferencias se orientan a la ratificación de la Senadora Gloria Inés Ramírez (3 en el tarjetón), quien ha demostrado abnegación e inteligencia suficientes en la defensa de los intereses de los trabajadores, como lo demostró mientras estuvo al frente de FECODE, así como con sus proyectos de ley sobre objeción de conciencia y Estatuto del Trabajo y sus debates contra la instalación de las bases norteamericanas.

Para la Cámara, acompañaré a Nelson Lombana Silva (103 en el tarjetón). Nelson es un destacado ex concejal, periodista, directivo de Asoprensa e incansable combatiente por las causas populares, quien ha hecho de internet un escenario natural para sus batallas democráticas.

En cuanto al Parlamento Andino, Fabiola Piñacué (502 en el tarjetón) es la garantía de una participación destacada en ese Organismo. Fabiola es una indígena Nasa con olor a tierra y sabor a lucha popular.

Gloria Inés, Nelson y Fabiola son impulsores destacados de la candidatura de Petro a la Presidencia y garantía de lealtad a la causa de los más humildes.

lunes, 1 de marzo de 2010

RÉQUIEM POR LA OEA

Por Rodrigo López Oviedo

Desde 1948, año de fundación de la OEA, nunca había habido una reunión al sur del río Bravo más importante que la que sostuvieron los jefes de Estado y de Gobierno de los países latinoamericanos y caribeños en la Riviera Maya, México.

Esta reunión, denominada Cumbre de la Unidad y en la que sesionaron conjuntamente la XXI Cumbre del Grupo de Río y la II Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), le expidió partida de defunción a la OEA como instrumento de manipulación de las relaciones internacionales de Estados Unidos en nuestro continente y le abrió paso al sueño bolivariano de constituir un organismo de entendimiento entre los países latinoamericanos y caribeños.

Lo curioso es que la información sobre tan importante Evento haya versado casi que exclusivamente sobre el incidente en el que se palabrearon los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez. Es posible que, bajo otras condiciones, tal cruce de palabras hubiere alcanzado la significación que quiso dársele; pero dichas al calor de esta Cumbre, para poder reconocérsela, los medios tuvieron que pasar por sobre la importancia del Evento y desconocer las inmensas repercusiones que lo acordado en él tendrá para el futuro de las relaciones entre los países asociados y para las de estos con el mundo.

Precisamente, fue este conjunto de circunstancias, y el hecho de ellas encarnar esperanzadoras expectativas para nuestros pueblos, lo que hizo que por encima de las esencias se exaltaran las anécdotas, mientras se condenaba al silencio la concreción de una aspiración tan largamente acariciada en el continente: la de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños –CELAC-, a la cual no se había podido llegar por la oposición del Imperio y sus lacayos. Por fortuna las cosas están cambiando. La existencia de un sólido abanico de gobiernos progresistas en la región, ha servido para materializar tan importante deseo.

Ya la propia Cumbre dio evidencias de lo que puede lograrse en el seno de la nueva Organización, una vez se concreten sus estatutos, estructuras y declaraciones de principios. Allí se acordó continuar en las tareas de solidaridad con el pueblo haitiano, y alentar en igual sentido a la comunidad internacional, pero garantizando el derecho de este sufrido pueblo a su soberanía. En segundo lugar, rodear al pueblo argentino en su decisión de reivindicar su total soberanía sobre las Islas Malvinas. Y en tercer lugar, demandar de Estados Unidos el levantamiento de toda medida que implique embargo o bloqueo a las actividades económicas de Cuba. En la OEA hubiera sido imposible tomar tales decisiones. ¡Réquiem por ella y bienvenida la CELAC!