domingo, 26 de octubre de 2008

EL DECRETO DE INTERCAMBIO HUMANITARIO

Por Rodrigo López Oviedo

Luego de conocido el llamado decreto de intercambio humanitario, muchas son las ilusiones que han surgido entre algunos colombianos. Tal decreto parece expresión de ese apuro que todo colombiano siente por la libertad de Ingrid Betancourt ante la precaria salud que padece, si es que los terribles diagnósticos que de ella se han conocido no resultan tan infundados como parece que fueron los de la del ex senador Gechen Turbay. De todas formas, ciertos o no, la sociedad toda debe darse prisa en su propósito de recuperar para la libertad y para la vida a tan valiosa mujer y a todos sus compañeros.

Lamentablemente, las ilusiones que el decreto crea prontamente pasarán a convertirse en un nuevo desengaño. En primer lugar, porque no por aludirse en él a “un acuerdo que se dará por aceptado con la sola liberación de los retenidos” podremos dar por hecho que hubo tal acuerdo. De haberse efectivamente dado, no estaríamos viendo cómo se repiten en él casi las mismas iniciativas gubernamentales de siempre, con los mismos micos que siempre le han sido colgados para impedir su concreción.

En segundo lugar, porque eso de que si ustedes liberan primero nosotros lo haremos después, como lo dice el decreto aunque con otras palabras, ya lo hemos oído antes y no ha contado con ninguna credibilidad. Recordemos que la credibilidad del Gobierno quedó deshonrada desde cuando a las FARC se les incumplió el compromiso del Caguán de darles 48 horas para que se resguardaran en caso de que aquel proceso fracasara.

En tercer lugar porque aquello de que la liberación de los guerrilleros operará si éstos se comprometen a no volver a las armas también se ha oído y las guerrillas no lo han aceptado. De seguro que ahora tampoco lo aceptarán por una razón muy simple: Ellas saben que haber abandonado sus viejos rechazos al secuestro les ha causado un grave daño en su imagen como organización política y que lo único que las resarciría en parte de tal daño sería algún logro en el propósito de recuperar para su organización militar a los combatientes que han caído en manos del Estado. Suponer que las guerrillas puedan aceptar que sus efectivos presos sean liberados con el compromiso de no tomar nuevamente las armas es confundirlas con la organización filantrópica que no son.

Y finalmente, ni se piense que puedan aceptar la expatriación de los guerrilleros liberados. Convenir con este planteamiento, que de hecho significa para el Estado el reconocimiento de su incapacidad para garantizarles la seguridad, sería peor para las FARC que comprometerse a que los liberados no se reincorporen a filas, pues implicaría aceptar que tampoco se puedan reintegrar a sus familias.

Si a todo lo anterior le agregamos que con el Decreto sobrevino una visita presidencial al Guaviare, donde supuestamente está Ingrid Betancourt, con todo lo que ello implica en movimiento de tropas; si vemos que Uribe ha renovado su insistencia a las tropas para que localicen a los retenidos con el fin de emprender “una acción humanitaria en su favor”; si observamos su reiteración de ofertas económicas para que los guerrilleros deserten con rehenes, si todo eso viene ocurriendo, debemos evitar, entonces, hacernos ilusiones con este decreto del Gobierno, que más parece una extensión de sus simulaciones y triquiñuelas.

EN LUGAR DE MARCHAS PROVOCADORAS

Por Rodrigo López Oviedo

Luego de movilizar a medio país contra las FARC, los señores de la derecha, nuevamente a través de Facebook, quieren que los colombianos vayamos a las selvas del Guaviare a rescatar a quienes están retenidos por la organización guerrillera. La convocatoria deja ver claro que solo se trata de una nueva provocación, con la cual buscan exacerbar aún más las pasiones y justificar las reticencias del Gobierno a buscar la paz.

Su título es más que diciente: “Colombia y FaceBook vs. las FARC”. También lo es su finalidad: “(…) rescatar las personas que aún permanecen secuestradas en poder de la delincuencia de las FARC”. Ni qué decir de la ruta: “Que la comunidad se desplace desde Villavicencio (…) hacia la zona selvática del Guaviare, (…) para contactarse con los delincuentes al margen de la ley”.

Sí, toda la convocatoria es una provocación y ya está recibiendo el apoyo de los grandes medios. El pensamiento democrático debe salirle al paso y evitar que derive en mayores riesgos para la vida de los retenidos. El mejor camino es proponerle algunos ajustes que la exorcicen de ese peligro y la conviertan en realmente útil al propósito libertario literalmente enunciado entre tantos sones de guerra.

Lo primero que se me ocurre es sugerir que no se marche al Guaviare a reclamar liberaciones unilaterales que nunca se lograrán a las malas. Más bien, sí, a Pradera y Florida a exigir que el Gobierno y las FARC pacten un armisticio para que esa zona, sin necesidad de despeje, se convierta en escenario de discusión del Intercambio Humanitario.

El Gobierno puede dar un primer paso en prueba de su interés concretando, antes de la marcha, su reciente ofrecimiento de liberar a algunos guerrilleros que están condenados por crímenes de lesa humanidad. Esto implica publicar la lista de los beneficiados con la promesa de entregarlos a las FARC en la zona bajo armisticio si la organización guerrillera se compromete a hacer lo propio con un nuevo grupo de rehenes.

Obviamente que esta iniciativa requeriría de unas filigranas operativas capaces de garantizarle resultados congruentes con el esfuerzo que demanda. Para diseñarlas, podría acudirse a países amigos -incluso Venezuela, con cuyo Gobierno se han producido importantes acercamientos a raíz de los buenos oficios que desplegó con motivo de la crisis con Ecuador- y desplazar hacia uno de ellos a algunos voceros del Gobierno, de las FARC y de los organizadores de la marcha con el fin de ultimar detalles relativos a la seguridad en la zona, al ejercicio de la autoridad en la misma, al establecimiento de la Mesa de Intercambio y a todo lo demás que demande tan trascendental propósito.

Un armisticio así logrado no podría verse como derrota para ninguna de las partes, pues aunque tendría lugar en Florida y Pradera no implicaría ningún despeje. Sería, más bien un escenario donde ambas partes compartirían el triunfo de ver en libertad a los colombianos que injustamente se encuentran privados de ella.

NOTA: Después de redactado el anterior comentario, recibí un mensaje del Observatorio de la Juventud de la Universidad del Tolima donde me cuentan que, después de la marcha del 6 de Marzo, las Águilas Negras decidieron amenazar a las organizaciones estudiantiles y a funcionarios de esta Alma Mater ¿Qué dirán los organismos de seguridad?

PARA QUE NO PERDAMOS EL ALMA

Por Rodrigo López Oviedo

¿Estaremos perdiendo el alma? No solo los grandes medios y muchos de sus lectores alaban la aparición de un asesino que porta una mano de una de sus víctimas, sino que el Fiscal General de la Nación le notifica al país que el criminal podría quedar exento de responsabilidad, ya que pudo actuar bajo “un miedo insuperable, un error invencible o un estado de necesidad excluyente”, además de que sus víctimas hacían parte de una organización “donde la vida no vale nada”. De sobremesa, el mismo Fiscal le ampara el derecho al criminal a reclamar cinco mil millones de pesos que habían sido ofrecidos a quien suministrara información que condujera al abatido. Sí, pareciera que estuviéramos perdiendo el alma.

Resulta curioso que en un país en el que un pleito por cuatro palos puede dar para varios años de controversias judiciales, este funcionario, que debería ser garante de cumplida justicia, haya resuelto de un tirón tan espinoso tema, sin apercibirse de que con la revisión de dos o tres mandatos constitucionales, en especial los referidos a la igualdad ante la ley y a la protección de la vida, hubiera podido encontrar una solución más cristalina y lógica: rechazarle al peticionario el requerimiento y ordenar su encausamiento, en lugar de denegarle justicia a sus víctimas.

Fue tan flagrante el exabrupto del Fiscal que, para enmendarle la plana, el Gobierno tuvo que decir que la plata se pagará, sí, pero no toda, y no por la cabeza del guerrillero ni por su mano, sino por el computador que el asesino le decomisó para entregárselo a las autoridades como prueba de que la traición no era solo contra su jefe, sino contra todos sus compañeros del pasado.

Hay quienes dicen que de no pagarse la recompensa, se desestimularía este tipo de colaboraciones criminales. Pues precisamente por ser criminales, tales colaboraciones deben ser rechazadas. No hacerlo le daría rango de auxiliar de la justicia al homicidio y lo legitimaría como mecanismo para lavar culpas y llenar bolsillos, además de que representaría para el Estado una renuncia a su monopolio en la administración de justicia, pues a partir de allí, cualquier particular podría ejercerla incentivado por la recompensa, así tuviera que asumir por propia mano la proscrita pena de muerte, y no solo contra el presunto criminal, sino también contra quien quisiera y pudiera impedirla, como parece haberle ocurrido a la compañera del Comandante guerrillero.

En este caso, como en todos, la justicia tiene que intervenir, no solo por ser esa su obligación constitucional, sino por la necesidad adicional de aclarar suspicacias en el sentido de que el asesino contó con apoyos oficiales, pues no de otra forma podría explicarse su fácil movilización por unos campos que estaban copados por el ejército y menos que hubiera podido coronar su periplo con la entrega de la macabra mano.

El pensamiento democrático del país ha comenzado a movilizarse para impedir el pago por este crimen y para exigir el encausamiento del criminal con todos sus cómplices y determinadores. Ya se han presentado algunas acciones judiciales en tal sentido, y solo resta que la presión ciudadana, unida a la probidad de los jueces, disuadan del empleo del crimen como instrumento de justicia y le hagan volver el alma al cuerpo de nuestra nación.

INFAMIA Y SUERTE

Por Rodrigo López Oviedo

Luego de la crisis diplomática que desatara la violación de la soberanía ecuatoriana el pasado primero de marzo y de los agites a que diera lugar tan deplorable hecho, el presidente Uribe debe darse por bien servido. Tras ordenar la invasión y saberse descubierto, nuestro Mandatario creíase merecedor a una censura afrentosa de parte de la OEA y del Grupo de Río, pero no hubo tal. Su defensa en los salones de la diplomacia, que más bien debió ser en los estrados judiciales, solo dejó un par de resoluciones en contra de su Gobierno. Con razón lo vimos exultante, como si celebrara un triunfo, en medio de unos cuantos aplausos, fáciles de conseguir por cierto en ese ambiente de hipocresía institucionalizada que llamamos diplomacia.
Al Presidente Ecuatoriano, por el contrario, los resultados alcanzados, especialmente el de la Cumbre, han debido resultarle deprimentes. Pero no por no haber logrado que el colombiano pidiera perdón por su falta y se comprometiera a no perseverar en ella, o porque los demás países no hubieran reconocido la justeza de su queja, que todos estos fueron objetivos plenamente alcanzados, sino por haber descubierto la desvergüenza con que un mandatario, hasta hace poco amigo, exhibía en soledad, pero cínicamente, la canallada de una traición. Al presidente Uribe ha debido quedarle estampada la impresión de que cuando el mandatario Correa le dio la espalda no fue para que le tomara medidas para un vestido, sino para reiterarle con absoluta franqueza que él, Correa, iría a conservar hasta la tumba su indignación por la infamia cometida contra su pueblo.
Si ha habido coincidencias entre los muchos comentarios que salieron de la Cumbre, tal vez la más destacable sea la de la sorpresa que produjo el intempestivo viraje de un evento que tenía todas las trazas de quererse alargar en los dimes y diretes del presidente Uribe con la mayoría de los demás presidentes, que se mostraban solidarios con Ecuador. Un discurso de Hugo Chávez, inusualmente conciliatorio pero como de ajedrecista, justificado solamente por la necesidad de ponerle pronto fin a un impasse que ya causaba grandes pérdidas a modestos comerciantes fronterizos y detrás del cual se hallaba la mano del Imperio, hizo que se le pusiera punto final a la discusión y que ni siquiera se abordara la propuesta del propio Chávez de conformar una comisión internacional que, al estilo de la de Contadora, asumiera la tarea de buscar entendimientos entre Uribe y las FARC con miras a encontrarle una salida consensuada al conflicto colombiano.
La conformación de esa Comisión sí que hubiera coronado éste Evento con un castigo justo para la canallada de un Uribe que, empecinado en negar la existencia del conflicto y en llevar a la guerrilla a su exterminio a cualquier costo, ha generado el actual escalamiento del conflicto, con todo el negativo impacto que empieza a percibirse en las fronteras vecinas.
Sí, Uribe es una persona definitivamente suertuda: Su osadía quedó disimuladamente impune, además de que sus hombres dieron de baja a Raúl Reyes y un desertor asesinó a Iván Ríos. Por fortuna, todos estos acontecimientos no lograron distraernos del compromiso de la marcha del seis de marzo y nuestro pueblo logró cumplirlo más que decorosamente, demostrando que aún le quedan muchas reservas democráticas y que la anhelada paz es posible.

RAÚL REYES: EL MUERTO QUE NO ERA

Raúl Reyes: El muerto que no era
Por Rodrigo López Oviedo
Sin medir el daño que finalmente causó a su imagen y a nuestras relaciones internacionales, las Fuerzas Armadas de Colombia incursionaron en territorio ecuatoriano con el fin de dar de baja a un grupo guerrillero, dentro del cual se encontraba Raúl Reyes, miembro del Secretariado de las FARC.
Se trató, por cierto, de un acto de extremismo guerrerista que hizo volcar hacia el hermano pueblo la solidaridad de varios países, especialmente la contundente de Venezuela, mientras que a Colombia ni siquiera le han llegado los consuelos del fiel amigo de su Gobierno, el señor Bush.
La situación ha evolucionado en términos tan desfavorables para Uribe que sus ministros y altos funcionarios han tenido que irse turnando ante los micrófonos para rectificar el uno al otro, como en el caso del Canciller al Min Defensa, o para echarle leña al fuego, como en el del general Naranjo, quien presentó unas supuestas pruebas de contubernio entre el presidente Correa y Raúl Reyes, las cuales ya fueron objeto de reparos por parte del Viceministro de Defensa ecuatoriano.
Todas estos hechos deberían llenarnos de vergüenza: Los guerrilleros fueron dados de baja mientras dormían, la masacre ocurrió con invasión territorial al vecino país, la opinión pública fue objeto de burla por parte de unos funcionarios que le falsearon los hechos y hasta nuestro propio Presidente fue tachado de mentiroso, lo cual no es la primera vez que ocurre. ¡Qué vergüenza!
Claro que a muchos esto no parece importarles. Sobre todo a quienes han sido victimizados con ese ablandamiento de conciencia a que han sido sometidos desde los grandes medios con el fin de neutralizarlos ante cualquier iniciativa que pueda desembocar en el intercambio humanitario y la paz. Por eso andan complacidos con la desaparición de Raúl Reyes.
Si bien se examinan las cosas, Raúl Reyes era la voz de las FARC que más hablaba de intercambio humanitario y de negociaciones de paz. Raúl Reyes era al que veíamos preocupado por el éxito del proceso del Caguán y el que salió por Europa a buscarle respaldo internacional. Fue él quien lideró desde la orilla guerrillera la conquista de escenarios para un acuerdo humanitario y quien anunció las entregas unilaterales realizadas hasta hoy. Raúl Reyes era, entonces, la voz de la paz dentro de la guerrilla. Su muerte es la del muerto equivocado y solo pueden celebrarla Uribe y los de su caverna.
Los colombianos estamos en la obligación de exigirle al Gobierno un replanteamiento en esa posición guerrerista que amenaza con dejarnos convertidos en un gran cementerio y sin quien nos llore en el vecindario. La marcha del seis de marzo es una gran oportunidad para que nos hagamos sentir. En ella debemos estar los que creemos que hay que imponerle límites al poder oligárquico y exigirle sinceras acciones de paz, como son las encarnadas en las consignas que enarbolan sus organizadores. Junto a la reparación que demandan las víctimas de la violencia paramilitar y de los crímenes de Estado y el castigo a sus autores, exigiremos el intercambio humanitario y la paz. Pero también demandaremos como constituyentes primarios que se imponga la armonía como propósito de las relaciones con nuestros vecinos en lugar de estar incendiando las fronteras. Así de importante es la marcha del próximo seis de marzo.

EL ADIOS DEL QUE NO PUEDE IRSE

Por Rodrigo López Oviedo

Tal vez la noticia internacional más difundida recientemente haya sido la de la supuesta renuncia de Fidel Castro a la Presidencia de Cuba. La verdad es que Fidel jamás renunció a tal dignidad, pues desde julio de 2006 había dejado de ejercerla. Todo lo que hizo fue manifestar su intención de no aceptar una nueva postulación para tan importante cargo, tras reconocer con humildad que ya su aliento no le alcanza para atender tan inmensa responsabilidad.

Fidel Castro comenzó a ser noticia desde cuando emprendió, con solo 27 años, el asalto a los cuarteles Moncada y de Céspedes con el fin de devolverle al pueblo cubano la dignidad de un país que había caído a la penosa condición de prostíbulo de Estados Unidos. Lejos estaba de imaginar que con aquella frustrada gesta realmente estaba emprendiendo el camino de asalto a las páginas de la historia.

Su temple ya comenzaba a notarse a sus doce años de edad, cuando le envió una carta, en inglés, al presidente norteamericano Franklin Roosevelt. También a los 21, cuando se vinculó a las luchas del pueblo guatemalteco contra la dictadura de Rafael Trujillo. Cómo extrañar entonces que a los 33 estuviera convertido en Primer Ministro de su querida Cuba y emprendiera tan radical transformación como la que adelantó a favor de su pueblo.

Con Fidel al frente, los cubanos elevaron sus índices de salud, de educación, de cultura y de deportes al punto de convertirlos en referencia obligada de las estadísticas mundiales. Ni el atentado personal, ni la agresión política, económica o militar, ni el más rastrero macartismo, con el que el Imperio y sus lacayos pretenden hacer ver la luminosa utopía comunista como cosa del infierno, le impidieron poner a Cuba a la cabeza de los países en vías de desarrollo en la promoción de todos esos derechos y rebasar a algunos de los países desarrollados en estadísticas tan importantes como las de mortalidad infantil y expectativas de vida.

Lo más admirable fue que extendió a otros pueblos los beneficios de esos programas. En una clara evidencia de internacionalismo, 18 mil médicos y 19 mil paramédicos cubanos prestan su solidaridad en 79 países del tercer mundo. En alianza con el gobierno de Hugo Chávez, un millón de pacientes esparcidos por Asia, África y Latinoamérica han recuperado la vista en manos de médicos cubanos. También dos millones 700 mil personas, en 22 países, han recibido apoyo de Cuba para salir del analfabetismo y en las universidades cubanas hay becados por Cuba cerca de 30 mil estudiantes de 121 países.

Liderada por Fidel, la política exterior cubana adquirió connotaciones de gran potencia. En los escenarios internacionales, la voz de Cuba estremece el sentimiento popular y hace ver posible el camino de la soberanía y deseable el socialismo, no obstante el traspié europeo.

El trasegar de Fidel siempre estuvo pletórico de reconocimientos. A esto contribuyó la hondura moral que siempre le imprimió a sus actos, sin importar que con ellos se afectaran, incluso, sus más íntimos intereses. Así lo demostró al expedir una de sus primeras leyes, la de Reforma Agraria, que ordenaba el paso al patrimonio público de las tierras de más de 420 hectáreas, y disponer que la primera expropiación fuera la del latifundio de su propia familia.

Todos esos ingredientes hacen que los cubanos se mantengan fieles a la causa socialista y que asuman con madurez el retiro de Fidel de los puestos de mando. Bien saben que su ejemplo los ha dejado sólidamente fortalecidos para continuar en la construcción soberana de su destino.

Fidel sabe que sale del Gobierno, pero no del corazón de su pueblo, que no es solo el pueblo de Cuba, sino el gran pueblo de los trabajadores del mundo. En esos corazones se seguirá cantando, como en los años sesenta, esta hermosa copla:
Si las cosas de Fidel
Son cosas de comunistas,
Que me apunten en la lista,
Que estoy de acuerdo con él.

UNA MARCHA DE GENTE DECENTE

Por Rodrigo López Oviedo

Si para que se retiren las talanqueras que el Gobierno viene atravesándole con disimulo a la marcha del seis de marzo hay que decir que ella no es contra los soldados y policías de la patria, como lo exigió cínicamente el ministro Santos, los organizadores, sin pensarlo dos veces, deberían decirlo. A los millones de colombianos que estamos dispuestos a marchar en esa fecha nunca se nos ha ocurrido señalarlos como los causantes de la bárbara noche que tanto nos aflige. Los culpables están en los grandes salones oligárquicos, que es donde se trazan las estrategias de perpetuación del statu quo y desde los cuales se han orientado los crímenes que se quieren denunciar en la marcha.

No son pues nuestros soldados y policías los que serán objeto del señalamiento, sino quienes los han llevado a desconocer el deber de proteger la vida de los colombianos y les han impuesto el principio de la obediencia debida para que consientan o participen, en connivencia con las hordas paramilitares, en ejecuciones extra judiciales, en la apertura de fosas comunes, en la desaparición de líderes populares, en el hostigamiento a demócratas, a sindicalistas y a periodistas independientes, en el desplazamiento forzado de comunidades enteras y en falsos positivos que sirven tanto para ocultar verdaderos crímenes de Estado como para magnificar inexistentes éxitos contra el terrorismo.

Los convocantes de la marcha, agrupados en el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado en Colombia, han señalado que la marcha será un homenaje a las víctimas del paramilitarismo. El paramilitarismo fue creado por grandes burgueses y terratenientes con el apoyo del narcotráfico y de algunos inversionistas actuales y potenciales de megaproyectos estratégicos. Entre sus víctimas hay más de 3 millones de desplazados, más de 3.500 familias con parientes descuartizados y una congregación política, la Unión Patriótica, salvajemente exterminada, además de más de 5000 exiliados políticos de cuya existencia nadie se acuerda.

La presencia del paramilitarismo llega hasta las más altas esferas del poder político, y compromete a funcionarios de todas las ramas del poder público, incluidos miembros de los organismos de seguridad del Estado, lo cual hace que sus más apetecidas víctimas se encuentren en las filas de la oposición al régimen. Por eso, la mayor parte de sus crímenes merecen el justo calificativo de crímenes de Estado.

Al decir que no son los soldados y policías los que serán señalados en la marcha, no se está desconociendo la participación de muchos de ellos en la comisión de muchos de los crímenes denunciados ni se está negando que se les deba hacer objeto de una cumplida justicia. Simplemente se está elevando el dedo acusador hasta el trono mismo de los autores intelectuales, que son mucho más culpables que los ejecutores materiales por ser determinadores de crímenes que afectan la existencia misma de la sociedad.

Como bien se comprende, la marcha no está programada para que en ella participe todo el mundo. Siendo un acto de protesta contra crímenes que comprometen al Estado y al paramilitarismo, no se verá bien allí a quienes apestan a motosierra ni a quienes han consentido con sus crímenes por acción o por omisión. Por eso los santos y los obdulios no necesitan justificar su ausencia. Allí no los necesitamos. Esta será una marcha de solo gente decente

CARIMAGUA Y EL SEIS DE MARZO

Por Rodrigo López Oviedo

Tal parece que los intereses que se mueven en torno a Carimagua son de una importancia tal que su defensa amenaza con deteriorar las imágenes del Ministro de Agricultura y de la Presidenta del Congreso.

Carimagua es una propiedad de 17 mil hectáreas que estaba destinada a reparar de tierras a uno de los grupos campesinos que han sido desplazados de las suyas. Contrariando elaborados estudios, el ministro Andrés Felipe Arias resolvió que Carimagua no les serviría a los campesinos, dados sus excesos de acidez y sus carencias de infraestructura, y en cambio sí a unos cuantos potentados del agro, que no tendrían ningún reparo en aceptarla, pese a esos factores supuestamente tan adversos al interés de los campesinos desplazados.

Siendo evidente que esta decisión representaba un nuevo despojo para los desplazados, la Contraloría y la Procuraduría ordenaron al ministro Arias mermarle a sus insaciables apetitos, o a los de sus amigos, y retornar Carimagua a sus iniciales propósitos. Lo que hubiera sido de esperarse es que el Ministro acogiera con respeto esta determinación, pero al contrario, decidió simplemente suspender con carácter provisional sus trámites de concesión mientras una comisión de amigos suyos, y de sus amigos, avalaba su sapiente decisión.

Esta inescrupulosa estrategia de Arias quiso ser denunciada al Congreso por la bancada del Polo Democrático Alternativo al considerarla causal suficiente para una moción de censura, pero desgraciadamente todo se quedó en deseos. La presidenta del Senado, Nancy Patricia Gutiérrez, se las ingenió para ignorar la bancada del Polo y decidir que entre los citantes del debate solo figuraran los conservadores copartidarios del Ministro. ¿No será esto una burla a la Constitución del 91, que estableció la censura, y a los colombianos en general que esperan que funcionen los pesos y contrapesos del Estado, como ingenuamente lo creen quienes piensan que nuestra dictadura oligárquica es una democracia?

Que sea una burla, es bien sabido; solo que a veces nos gusta evadir nuestra responsabilidad mirando para el otro lado. Pero lo traigo a colación simplemente para significar la importancia que tiene el ojo vigilante de la ciudadanía. Si nuestros gobernantes se sienten libres de inspección y avalados en todas sus decisiones, ellos mismos se creerán dueños de prerrogativas infinitas y terminarán utilizándolas en su beneficio. Ya ni siquiera el criterio de clase les determinará límites. Serán sus apetitos personales los que les definan el carácter de su actuación.

Por eso es tan importante que los ciudadanos tomemos las riendas del control como constituyentes primarios y asumamos con nuestra movilización cívica la defensa del interés colectivo. La marcha del seis de marzo es una gran oportunidad para hacernos sentir. Allí estaremos los que creemos que al poder oligárquico hay que imponerle límites y frenos y también prioridades, como ésta de la reparación a las víctimas de la violencia paramilitar y de los crímenes de Estado. Estaremos también para manifestar que siguen vigentes las exigencias de paz negociada y de intercambio humanitario, a las cuales no nos pueden obligar a renunciar. Pero esa marcha es también la ocasión para demandar de Hugo Chávez y de Piedad Córdoba su continuidad en las gestiones para que las FARC no abandonen sus exitosas liberaciones unilaterales mientras encontramos la forma de imponer el intercambio humanitario y la paz con justicia social.